lunes, 15 de diciembre de 2014

El miedo



¿Quién no lo ha sentido? 
Todos lo tenemos en común. 

Echo de menos el miedo que sentía de pequeña, ese miedo absurdo a la oscuridad. Cuando por la noche gritaba "¡¡¡Mamiiiii!!!" sólo en la búsqueda de compañía para salir al baño, a un metro de mi habitación. La oscuridad me eclipsaba limitando mi libertad a avanzar hacía lo que en ese momento era mi mayor deseo. 

Pasó el tiempo, y lo que años atrás parecía imposible ocurrió, perdimos el miedo a la oscuridad, o no, simplemente se sumaron,(debo reconocer que perdí el miedo a la oscuridad a los 21 años más o menos) sus formas varían y empezamos a conocer otros, siguen oprimiendo, siguen limitándonos, es lo único que hacen. 

La sociedad oprime y llegan multitud de ellos: 

El miedo a la aceptación, a no ser lo que los demás esperan. 
El miedo a la soledad, demasiado relacionado con la aceptación. 
El miedo a equivocarse, cuando equivocarse es necesario. 
El miedo al fracaso, los mejores lo hicieron. 
El miedo al futuro, si nadie sabe si llegará.
El miedo a perder a alguien, a quien no supimos valorar cuando lo tuvimos o aún sin riesgo a perderlo lo valoramos por encima de nosotros mismos. 
El miedo a ser uno mismo, pues no siempre somos quien mejor nos conoce. 
El miedo a conocer a alguien, cuando pensamos que ya está todo claro. 
El miedo a lo desconocido, el mismo que el miedo a conocer. 
El miedo al pasado, la condición humana nos lleva a tropezar una y otra vez sobre la misma piedra y desarrollar este miedo implica la aceptación de dicho fenómeno, pues probablemente sepas que volverás a caer. 

Hay quien experimenta un miedo personal, el miedo a sí mismo, como conjunción de todos los demás y más que no puedo entretenerme a explicar, pues el miedo es inexplicable.

No hay que olvidar, ¿qué es el miedo? no es más que un sentimiento, una sensación. Él no es protagonista, sin nosotros no existiría, como tal, lo hemos creado y podemos superarlo, dejarlo pasar o quedarnos atrapados en él, aún sabiendo que lo único que conseguimos es limitar nuestra libertad. 

El miedo, todo el mundo lo ha experimentado, pero éste, el que hoy que nos perturba sólo nosotros lo podemos superar. 

El miedo me atrapa en la gran ciudad, la incertidumbre del nuevo yo se apodera de mí, todo es temporal. El miedo está en mí, vendrá y se irá, hace un año era otro y ya pasó, ¿y si vuelve? ¿y si me aferro a un y si que solo me impide vivir? 
Hoy le gano la batalla pero no la guerra, son una lucha diaria, pero si fuera fácil sería aburrido. 

Jugando a vivir, día sí día también. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Hogar Home Nyumbani



15 días viviendo en el mundo real o irreal, depende del prisma con el que lo mires.

Hoy recuerdo la despedida de la mano de Joan en las escaleras de lo que fue y es mi casa en Moshi, todos los demás habían sido despedidos por mí, y de la familia ya sólo quedábamos dos. 
Ahora pienso en las lágrimas en el taxi camino al aeropuerto, el enfado que me invadió al sentir que abandonaba el continente africano y el miedo con el que salí por la puerta del aeropuerto de Madrid. 

No olvido el aeropuerto de Estambul, donde hice escala, como un mundo desconocido, personas de todos los colores, ropas de todas las formas, tiendas de brillantes, grandes marcas, y comida de toda clase. Recorrí el aeropuerto arriba y abajo con mi maleta a cuestas, esa que debía pesar 10kg pero pesaba 15, cargada a la espalda. Al llegar a la puerta de embarque dirección Madrid, la gente hablaba español y a mi todo me sorprendía. 

Fui un bebé durante una semana en un mundo desconocido, totalmente nuevo, en el que no sabía como debía encajar, ¿qué parte de mí era la real y que parte era la irreal?, ¿quién lo sabe?

14 días desde que llegué a casa. Sabía, desde el día que me fui, que el abrazo con ellos iba a ser inexplicable, que las emociones iban a desbordar y que yo, 100% pasional iba a estallar, y así fue. 

13 días desde que descubrí mi armario por primera vez, mis zapatos, mis pulseras, cremas… cual desconocidas, caminé en tacones con el pijama puesto como si de una niña jugando con la ropa de mamá se tratara, me sentí disfrazada de mí misma y me reí ante el espejo al verme con collares, pulseras y anillos. 

12 días desde que vi a toda mi familia, sentada en la mesa de casa de mis abuelos, vi a mis amigos con los que cené en mi restaurante preferido, mi plato favorito. Mi hermana pequeña casi me mata de alegría al aparecer por sorpresa. Corrí a tomar cafés con el máximo de amigos posibles, pasé por mi antiguo gimnasio, mi antiguo trabajo, mis antiguas calles, recordé mis antiguas emociones, mi anterior yo y me sentí extremadamente feliz. 
           
11 días desde que llegó el bajón, escondiéndome detrás de quien me acompañaba entre las multitudes, sintiendo miedo ante mis iguales, desubicada, fuera de lugar, sin entender porque. Sabía que era temporal, y así fue, me habían hablado de eso… "el volver".  


10 días desde que volví a Madrid, donde trato de crearme una nueva casa, donde no he parado de correr, metro arriba, metro abajo buscando esa casa en la que vivir, donde la gran ciudad se me venía encima donde el "pole pole" (poco a poco) ha pasado a la historia, donde no he podido ni parar a escribir, y donde me he dado cuenta de que necesito, mirar, saborear y vivir de recuerdos que no me hagan olvidar lo que realmente importa y cual es el método para ser feliz, que no es más que escucharse a uno mismo, pero de verdad. 

Vivo tan intensamente que, a veces, no me da tiempo a vivir. 

Gracias. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

En els últims 6 meses he…

Desde el 6 de mayo, 


En estos 6 meses: 

Me he encontrado, me he perdido y me he vuelto a encontrar. 
Me he enamorado, de todo, de mí y de él. 
He enseñado y me han enseñado. 
He comido con las manos. 
Me he subido a un camión cargado de ladrillos para llegar a la cuidad. 
He visto leones, jirafas, elefantes y comido ante hipopótamos. 
He andado entre zebras. 
He subido 4.566 metros de altura. 
He navegado por mares sin sal. 
Me he escondido para dar de comer a una perra que acababa de tener crías.
He puesto nombre a dos perros callejeros "Mama" y "Askary".
He pasado frío y calor. 
He volado, ido en moto, en coche, en barco y andado más que nunca. 
He buceado. 
He visto amaneceres y puestas de sol. 
He reído y he llorado, he vivido. 
He conocido gente, le he conocido a él. 
He bailado y cantado. 
He formado una familia. 
He hablado catalán, castellano, inglés y suajili. 
Me he discutido y reconciliado. 
He viajado sola y acompañada. 
He querido a Askary como si fuera mío, llorado con sus heridas y defendido cuando he podido. 
He nadado entre delfines.
He comido langosta, cabra, pulpo, carne, arroz, pescado, maíz y muchas beens. 
He escrito. 
He dormido en un colchón, una litera, el suelo, bajo techo y en tienda de campaña, dentro y fuera en el jardín. 
He sentido miedo, he querido volver. 
He aprendido a ser feliz. 
Me he bañado con 15 niños en agua de tubería y revolcado en la tierra. 
He corrido mientras me perseguían y corrido para perseguirles. 
He grabado un videoclip e inventado coreografías. 
He llenado botellas de tierra y puesto cemento.
He fumado y he bebido.  
He andado por la noche.
He visto las estrellas, sola y acompañada. 
He cruzado fronteras. 
He buscado la luna todos los días. 
He cerrado puertas del pasado y abierto nuevas. 
He dado clase de inglés, mates, suajili, música, ciencias, arte y deporte. 
He hecho amistades eternas. 
He necesitado soledad. 
He echado de menos a los de siempre. 
He soñado, he cumplido sueños y he vuelto a soñar. 

Al 6 de noviembre, 




¡Ashante sana Tanzania!

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La meva soletat i jo


Ésta mañana he salido de mi tienda, he ido al baño común, me he mirado al espejo y he sonreído, al darme cuenta de que después de 6 meses volvería a casa tal náufrago, sino fuera porque en lugar de perder, he cogido peso. 

Mi pelo hace tiempo dejó de tener un color uniforme para ser oscuro arriba y muy muy rubio abajo, castigado por el abrasador sol africano, mis cejas ya no tienen una forma definida, y siento que mi cara ya no es la misma, está completamente limpia. 

Yo ya no soy la misma, y es que como he leído hoy: "uno no hace el viaje, el viaje lo hace a él".

Ahora llegan los miedos del volver y antes de asumirlos, me aferré a mi papel de aventurera, le tapé la boca al miedo y salí en búsqueda de mi última experiencia tanzana. 

Sola, me di cuenta cuando ya había comprado el ticket de bus ordinario, renunciando al express siendo la diferencia de dos horas y 1 euro al cambio. Rumbo a Lushoto, donde un desconocido al que catalogué de amigo, me iba a hospedar y ofrecer un guía para recorrer las montañas Ushambara. 
Acepté y ahí estaba, con él, un negro bien posicionado, pues así lo indica su peso. Me mostró la ciudad, su pueblo, el mirador y la increíble puesta de sol. 

Al día siguiente un joven guía me estaba paseando por pueblos fantasmas donde salían niños al grito de mzungu (blanco), bosques encantados llenos de árboles, camaleones, hormigas del tamaño de una uña, casas construidas con palos y barro, estructuras derruidas en las que vive gente. Vimos vacas, cabras, ovejas, niños transportando agua en la cabeza, un bosque de pinos artificial, vimos como una mujer se cubría del sol con un gran paraguas, mientras transportaba algo en la cabeza. 

Me sentí atacada en algún momento, como si mi presencia no fuera grata, sobretodo cuando un niño corrió hacia mí para golpear mi brazo. Entendí que las diferencias que nos separan son enormes, que mientras ellos sobreviven con sus tierras, yo estaba ahí para disfrutarlas. Ellos ven al blanco como aquel al que pedirle dinero, el reloj o algo de comer. Sentí odio en ese golpe y dolor ante la incomprensión. Contuve las lágrimas que últimamente tratan de brotar buscando casa, pero me aferré a ese yo aventurero que no le teme a nada. 

El primer día caminamos 20km. cuesta arriba y cuesta abajo, y dormimos en un convento que bien podría haber protagonizado cualquier película de terror. El segundo, andamos solo 15 y dormimos en Mtae, el pueblo que estaba de fiesta porque el chamán había sido elegido en las últimas elecciones. Todo el pueblo rodeaba una moto, la única luz, y tocaban tambores y trompetas, saltando y bailando al más puro estilo africano. 

Ahora llevo 3 días en el paraíso, cuando llegué, me preguntaron de dónde era, dije que de España y me dijeron, ¿y de Tanzania?. 

Vivo en una tienda de campaña a escasos 20 metros de la playa, como pescado, mantengo contacto con los míos y veo una serie en mi ordenador, a la vez que: decenas de bichitos caminan por mi cuerpo, se me cruza un mono mientras leo, comparto sofá con un mil pies del tamaño de una manguera, un sapo salta por el suelo alimentándose de todo insecto volador mientras yo ceno, mato arañas con las manos, una iguana me saluda mientras tomo el sol, la playa aparece y desaparece ante el antojo de la marea y antes de acostarme reviso que no haya ninguna hormiga enorme por mi cama, ese colchón en el suelo con una sábana húmeda de humedad. 

Me miro al espejo y me doy cuenta, de que después de esto, todo habrá cambiado, porque yo he cambiado. 


lunes, 27 de octubre de 2014

Adeu Mwalimu


 Hoy a empezado el cole en Born to Learn y yo no estoy ahí. Ha llegado el momento de darse cuenta de que algo acaba, con lo que me cuesta dejar una relación, esta no iba a ser menos. 

Durante seis meses he sido profesora inventada, en un mundo irreal, conviviendo con una familia imaginaria en una casa común. Ahora solo queda Nadia, con yourself, como me decía hoy Maggie (la chica que regenta el hostel). 

Me despedí de los niños hará una semana, con una sonrisa en la cara, esas 90 personitas, dispuestas a bailar sin música, que me han ayudado a superarme a diario, a luchar por ganarme su confianza y a darme cuenta de lo simple que puede ser la vida, si no te olvidas nunca de sonreír. 


Un día antes del que iba a ser mi último, ellos preguntaban: "Nadia, you tomorrow home?", mi cara se descomponía ante la sorpresa de la pregunta y su respuesta sin esperar la mía " If you home me cry". Saco la fuerza que se que tengo, aunque a veces se me olvide, y respondo "Me and you tomorrow dance, and always smile" Patricia, Laura y yo, hemos preparado un baile para cada clase, y nos regalaremos un festival para todos, para despedirnos, disfrutando, riendo y bailando antes de las vacaciones, antes de nuestra marcha.

Ellos siempre han ido un paso por delante, han sabido sacar lo mejor de mí y en alguna ocasión lo no tan bueno. Que difícil es la despedida, pero su vida sigue y la mía también. No sé cuanto tiempo me recordarán, me he creído ser profesora de música, de inglés, de mates y de deporte, no sé si habrán aprendido algo de todo eso, pero cada sonrisa que me han regalado, me ha servido a mi, para  darme cuenta de que ellos me estaban enseñando a mí a ser feliz.

Me despedí también de él, de Askary, el perro callejero al que puse nombre, después de que día tras día nos siguiera protegiéndonos de camino a la shamba, donde construimos el nuevo colegio. Él que no dudo en recibir un machetazo para proteger el terreno, ha sido en esta experiencia, alguien con quien empatizar, sufrir al verle sangrar y reir al comprobar que sus heridas cicatrizaban. He pensado en llevármelo, buscarle un hogar mejor, pero he tenido que poner los pies en el suelo, ese es su sitio, vive ahí con la "mama" y se encarga de proteger su espacio, a los blancos, que vamos y venimos. Es un superviviente, un súper héroe y tiene que seguir siéndolo, para los próximos que vendrán. 


Ayer, me despedí también de ella, mi hermana tanzana, que cogió un avión para volver a casa. Veo ahora la cama de mi lado completamente vacía y la imagino sentada en su avión, eso que tanto asusta, volver,  a cada uno por un motivo diferente. 
Cuando yo llegué ella ya estaba aquí, todo lo que he vivido lo he compartido con ella. Me ha visto bloqueada, enfadada, feliz, reír, gritar, ilusionarme, hundirme y reflotar, ha visto como perdía los nervios y como trataba de poner cordura en momentos imposibles. Nos hemos juzgado y perdonado, porque aunque somos completamente diferentes, hemos aprendido a querernos y acoger la una a la otra, como una hermana, a la que cuidas cuando está enferma, a la que escuchas cuando necesita hablar y a la que riñes cuando se equivoca. No nos quedó otra que aceptarnos, no somos perfectas, pero nunca dejaremos que nadie diga que no lo somos y siempre, tendremos un hueco para la otra, estemos donde estemos, en la cama de al lado. 

Me despido de BTL, me despido de Karibu hostel, pero no de África, no de Tanzania. Aún me quedan unos días antes de volver, y la experiencia continúa. Esta vez conmigo misma, y con un solo objetivo: yo. Me voy hacia la costa tanzana a descansar en sus playas, a recorrer los senderos de Lushoto (montañas Ushambara) y a empezar a prepararme para lo próximo, pero sin dejar de mirar por la ventana de aquí, sin dejar de exprimir los minutos africanos, que se convierten en horas. 

Llevo casi 6 meses en África que bien podrían haber sido 6 años. No puedo enumerar la cantidad de cosas que he vivido, aunque el miedo de olvidarlas muchas veces hacía palpable la inmensidad de esta experiencia. Vine buscando una salida, y me llevo unos estudios por empezar, 90 niños que me han enseñado a ser feliz, unas personas increíbles que me han acompañado, gente por conocer, experiencia vivida y millones de planes por vivir. Han habido momentos malos, pero todos se han transformado en experiencia y aprendizaje y me quedo con lo mejor, que con creces supera lo peor. 

Gracias a todas las personas que han pasado por mi vida estos últimos 6 meses y a los que siempre han estado, porque todos han hecho que esto haya sido así, perfecto. 



Esto solo acaba de empezar, entre locuras y corduras,  ¡que siga la fiesta!

sábado, 25 de octubre de 2014

El poder de la mujer, la fuerza del hombre


Ellas, todas ellas son perfectas. La mujer tanzana, en común el color de piel, y millones de rasgos diferentes en función de sus orígenes.

Ellas, la mayoría anchas, cuerpos redondos que definen una buena posición social, o la mala alimentación. Visten telas de kanga colorido, falda o pareo envuelto, y en su cabeza el peinado más estrambótico, cardado, pelucas imposibles o un pañuelo, haciendo de la cabeza el lugar donde ocultar todas sus ideas. Las que han sido madres serán llamadas mamas por todos, y las que no dadas (hermanas) hasta que lo sean. 

Las massais más alargadas y finas, rapadas, con agujeros enormes en sus oídos y envueltas en su joyería de brillos plateados y bolitas infinitas, en cuello, orejas, brazos, pies.

Ellas, todas sacan sus casas adelante, son las encargadas de velar por su familia, la comida, los niños, trabajar el ladrillo, coser, transportar en equilibrio cualquier objeto en la cabeza a la vez que un bebe cuelga de su espalda. Puede tener 18 años o 7, y cargará con su hijo, hermano o sobrino, hasta que este sea capaz de caminar, entonces será libre de luchar por la suerte que la vida le vaya a dar. 

Ellas, son diferentes pero viven en sociedad. La mayoría sometidas a un hombre, que por ley dispone de derecho de agresión, cual dueño que no le permitirá ni el derecho a la decisión. 

Ellas, no salen por las noches si no se dedican a eso y por supuesto va a recibir algo por hacerlo. Algunas, se prostituyen abiertamente ante mzungus (viajeros) o mbongos (tanzanos), los mismos que en ocasiones les pierden el respeto o les solucionan la vida.

Ellos, lo hay de todas las formas, el bueno y el malo, como ellas, como todo. Todos tratan de sobrevivir en este mundo duro y no escogido. Los hay de sol a sombra trabajando el ladrillo, porteando, conduciendo, o transportando en un carro pollos apilados, cualquier oficio vale.

Algunos, por suerte no la mayoría, están de sol a sombra sentados en el bar, esperando la mzungu del día, que será cazada. Para ello, utilizarán toda su artillería, sacarán su lado más romántico, tierno y amable. Haciéndole sentir la mujer más especial del mundo. Se trata de supervivencia, business, diversión o como yo lo llamo, el deporte nacional. Lo he visto una y otra vez. 

Nosotras estamos aquí de paso, algunas se dejan cazar aún sabiendo la poca exclusividad que eso conlleva, algunas sólo buscan un rato de diversión, aún sin saber que pasarán a formar parte del juego tanzano, en el que el hombre es el que la posee, él tiene derecho a decidir con quien se va a relacionar ella a partir de ahora, desde ese momento es suya. Él en cambio, seguirá buscando a otras a quien cazar, aún estando la primera delante, aún haciéndole daño. No dudará en agredirla y encerrarla, quien trate de defenderla se convertirá en su mayor enemigo. Así las tratan a ellas, y se justificará con un "es cultural". 


Ellos, los cazadores, no conciben la amistad entre hombre y mujer, lo único que yo he estado dispuesta a dar, a veces diría que ni entre hombre y hombre. Aquí el objetivo es ganar, y se establece una norma invisible de respeto, por la mujer que posees, pero no por otras muchas cosas. He tratado de llevarme algún amigo de aquí, y me ha sido imposible, el hombre tanzano, la mujer tanzana, las relaciones aquí blancos-negros, que difíciles de interpretar. 


A veces, el final no es el que toca, pero en mi historia, en como yo lo veo, en lo que yo creo, la mujer es fuerte y lo sabe, le planta cara, se viste de falda por encima o debajo de las rodillas y ante él, se da la vuelta, para seguir su camino. 

Otras vendrán y otras lo sufrirán, pero de una en una y poco a poco, aquí y allí, la mujer convertirá su fuerza en poder. 


martes, 21 de octubre de 2014

Zanzíbar: el paradís


Después de una etapa agotadora en el colegio, idas y venidas, tensión acumulada por la convivencia, mal estar generalizado y el deseo de la familia con la que vivo, me dejé llevar para plantarme en Zanzíbar, el paraíso africano. 

No tenía ninguna intriga en esa isla que a todo turista inquieta. La mía, mi isla, Mallorca, tiene las mejores playas, la mejor arena, la mejor agua, las mejores vistas, las mejores puestas de sol… y pensé que como siempre acabaría pensando "pues nada que envidiar".

El primer impacto vino al llegar al aeropuerto, subir a un avión y recordar la última vez que lo hice, cuando en Mayo decidí venir aquí, donde aquí sigo, sabiendo que el próximo será el que cogeré para volver a casa. No pude evitar recordar la despedida en Madrid de ella, mi mitad, el abrazo infinito de mis abuelos y el sandwich en el aeropuerto entre mi hermana y mi madre. Ni pude imaginar la llegada, porque aún hoy, que cada vez está más cerca no sé como será. 

Zanzíbar, que desde el cielo me recordó a casa, se presentaba iluminada ya entrada la noche, nos hizo dudar de si estábamos en Dar es Salaam (la capital) y preguntar antes de bajar del avión, donde las tres reímos nada más subir, disfrutando de nuestra libertad.  

Llegamos ante la oscuridad africana para ver el bullicio de la ciudad, animada en comparación con Moshi, que a las 20h ya duerme. Llegamos a nuestra nueva casa por cuatro días donde 3 rastas iban a ser nuestros anfitriones. Ellos nos acogieron, nos enseñaron donde cenar, por fin pescado, nos informaron de donde estaba la playa, la fiesta cada noche, nos cocinaron, nos acompañaron cada día, se dieron a conocer de la forma más profunda, protagonizaron las historias más escandalosas, risas y como consecuencia algún llanto, en definitiva, nos dieron lo que andábamos buscando, aún sin nosotras saberlo. 

En Zanzíbar busqué paz, evadirme por momentos, oler el mar y andar por playas kilométricas en la soledad que últimamente anhelo.

El primer día, en la playa más cercana, maasais nos rodeaban ofreciendo todo lo que se pueda ofrecer, nos colamos en hoteles con piscinas con vistas al mar, jacuzzis, cócteles dirigidos a mzungus tumbados en hamacas con pulserita de colores, música, pista de voley y todo lo imaginable en un gran resort. Aquí estaba el contraste africano, dos calles más atrás la pobreza absoluta, casas de ladrillo y barro, niños en las calles, kangas de colores, y carteles de prohibido ir en bikini o bañador, buscando el respeto perdido en una isla donde el 90% de la población es musulmana.    


Al llegar a casa alguien nos esperaba, me acordé de todos los que dijeron "tú en África, como veas algún bicho…" Pues ahí lo tienes, y no era pequeño, llamamos a nuestro anfitrión y se encargo de sacarla, pues ese no era su sitio, pero sí el de la que habitaba encima de mi mosquitera repleta de agujeros, sí el de montones de escarabajitos que trepaban por ella, por dentro y por fuera, sí el de los mosquitos que entraban y salían y el del grillo que se ahogó mientras me duchaba, con las piernas abiertas por no terminar de romper el plato de ducha, sí, sin agua caliente, pero siempre con una sonrisa en la cara. 

El segundo día nos subimos a un velero de dos pisos, para bucear en un arrecife repleto de peces de colores, estrellas de mar y corales, frente a una isla de ensueño, que está prohibida pisar sin pagar una escandalosa cantidad. Comimos en una playa que sí nos podíamos permitir y después de regalarnos un día genial, sólo me quedaba descansar a la espera del día siguiente.  

Llego el día, nos levantamos y en una lancha, que consiguió trasladarme a la de mi padre solo con cerrar los ojos, llegamos donde estaban ellos, totalmente libres, nadando, saltando, frente a nosotros. Al grito de Jump! estaba entre ellos, los tenía a escasos dos metros de distancia cuando mi hermana tanzana me cogió la mano, dándome uno de los mejores momentos aquí. Es una sensación imposible de describir. 


Ese día ya nada podía salir mal, repletas de euforia fuimos a comer a una playa de ensueño, donde no me quedó otra que decirlo: "esto en Mallorca no lo tenemos", toda la gama de azules que te puedas imaginar, sobre una arena blanca simulando harina, donde sólo cinco personas ocupan el espacio de millones que pagarían por estar ahí. 

El último día, volvimos a la playa del primero, dónde el viento impidió tumbarnos en la arena, pero no disfrutar de nosotras mismas, cada una a su manera, como siempre, pero juntas. 

En Zanzíbar solo salí una noche, pero no entré ningún día, encontré lo que buscaba, tomar decisiones al volver. Y aunque lo que pasó en Zanzíbar no se quedó en Zanzíbar, se que ni yo ni ellas, cambiarían nada, lo volveríamos a repetir, con nuestros errores y nuestros aciertos. Es lo que pasa en las familias, que pase lo que pase todo se perdona, se olvida, y si se vuelve a discutir, se vuelve a perdonar y olvidar, y así todas las veces que hagan falta. 

Zanzíbar es un paraíso, donde puedes encontrar todo lo que buscas y, aunque Mallorca no lo cambio nada, sus colores, su mar, su naturaleza y libertad, a la vez que su contradicción, su machismo, su hipocresía y todas las caras de la misma moneda, hacen de esos cuatro días una experiencia más inolvidable y digna de ser compartida, me quedo con lo bueno, que como siempre incluye lo malo. 










viernes, 10 de octubre de 2014

Huyendo conmigo de mi



Creo que hay dos tipos de personas: las que vienen aquí huyendo y las que vienen aquí buscando. Yo vine con un objetivo muy claro: encontrarme. 

No me cuesta reconocer que venía de sentirme perdida, de lo que algunos pueden llamar una mala época, o crisis existencial. Recurrí a lo que siempre había querido hacer, a cumplir sueños, que al fin y al cabo de eso se trata, vivir. 

Cuando llegué tuve que luchar con todas mis inseguridades, ponerme frente a los niños era un reto diario, lloraba muchas mañanas sintiéndome incapaz de transmitir, de enseñar e incluso de comunicarme con ellos. Competía conmigo misma para conseguir adaptarme al trabajo. La familia que encontré aquí me apoyaba y a pesar del entorno nuevo, un idioma desconocido, y gente diferente, me iba superando a mi misma, todos los días un poquito más, hasta que sin darme cuenta, ya hablaba en inglés, chapurreaba suajili, me reía en clase, y estaba haciendo lo que mejor se me da… disfrutar. 

Ha llegado ese momento en el que tengo que pisar freno y mirarme, girarme y ver el camino recorrido y ver los caminos que se me abren. 

Hace tiempo que no escribo porque trato de escribir sobre las emociones, y las últimas aquí no han sido las mejores, como para ser compartidas. 

La vida aquí ha dejado de sorprenderme, me he adaptado a ese entorno que me imponía y lo que en un principio suponía un reto, ahora es normal. Todo eso me ha llevado a la pérdida de esa magia inicial, propia de todo lo nuevo. Aún así, me siento enamorada de esta tierra y no dejo de mirar por la ventana. Soy consciente de que cada día descubro algo nuevo, y así ha sido, los últimos días he vuelto a aprender de mí. 

Por otro lado, las personas que me rodean han empezado a hacerlo, sorprenderme.
He conocido la irracionalidad expresada en palabras, incoherencia e incluso injusticia. 
He sentido agresividad en las relaciones y no he dudado en recibir una bofetada que nunca llegó por defender lo que siento un derecho, la libertad. 
He apostado por que no se pueden consentir según que actitudes, ni comentarios y he aclamado mi derecho a la decisión, pues sobre mí mando yo, y sobre quien me rodea mandan ellos mismos. 
He tomado decisiones. 

Me he dado cuenta de la fuerza que tengo, de que vine como una hoja y me iré como un tronco, que de aquí me llevo sensaciones innumerables, crecimiento personal, relaciones para toda la vida, decepciones y sorpresas.  

Para superarme a mí misma, sólo tuve que hacerlo, no bastaba con intentarlo. Yo llevo las riendas de mi vida, y aunque nunca estoy sola, yo tomo mis decisiones. Yo, como el resto del mundo, soy capaz de todo lo que me proponga y si yo no me lo creo, estoy perdida. Por más que huya de mí, mi yo siempre me persigue. 

Lo peor de irse es el miedo a volver. 




viernes, 26 de septiembre de 2014

Smile! Sikuzote Smile!

Otra vez viernes, y éste es muy diferente al último… 

La última entrada terminaba hablando de motivos para sonreír y hoy, los tengo todos, sí, todos!! 
Dicen que la felicidad se mide en buenos momentos… no todos son buenos, ni los tuyos ni los míos, pero oye… cuando los hay, no hay que dejarlos escapar :) 

Propongo un juego… Busca la sonrisa en la foto: 









Y ahora, si puedes… 
quédate con una…
 sí… 
sólo una…
 yo lo tengo claro…
ahora... 
yo me quedo con la tuya… 
fijate… 
la sonrisa se contagia ;) 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Moments de soletat


Viernes, por primera vez desde que llegué me regalo un momento sólo para mí.

Subo las escaleras que me llevan frente a un Kili que no se deja ver, a mis pies la vida transcurre en Moshi, en mi mano derecha un boli, en la izquierda un cocktail de mango, el más caro 5.000tsh (2,5€) y en mi cabeza muchos recuerdos.

Ahora estoy sola y toca reflexionar, he llegado a un punto de inflexión en el que no dejo de aprender de mí misma, pero ya no quiero aprender de los demás.

Me he saturado de emociones, no me canso de África, de los niños, de la experiencia… pero sí de como la gente influye en mí.

He conocido y dejado de conocer a gente y, aunque hasta ahora todo ha sido positivo, las relaciones también tienen su lado negativo, sobre todo cuando se acaban. Mi abuelo me lo dijo una vez: "todas las relaciones son complicadas". Sé que es una sensación temporal, pero la convivencia se endurece, la situación se me va de las manos y mi propio yo me tortura, siento que quiero huir.

La línea que me define es infinita. ¿Quizás soy una esfera que no aprende y repite sentimientos y experiencias? Lo único que me asemeja a una rueda es una montaña rusa, girando, rodando sin parar, rodeada de luces y sonidos.

Dejo subir a mucha gente en mi atracción, intento que se acomoden y rueden conmigo. Pero no todos quieren rodar en el mismo sentido, no a todos les gusta mi música, ni siquiera mis luces. Me culpabilizo por eso, la máquina es mía, yo la he diseñado y no he cumplido tus expectativas. Lo siento.

Algunas veces un ocupante decide bajar, otras soy yo quien necesito que baje, puede ser sólo por un tiempo, pero mi giro se ralentiza y siento que el aparato no funciona, noto que nadie está cómodo y que algo debe cambiar. No sé como coger de nuevo el ritmo. Mi atracción está llena, media la lleno yo, media quien me acompaña, y la fiesta debe continuar, no puedo dejar que pare, por muy importante que fuera el ocupante que se ha marchado… de una forma u otra todos lo son.

Recurro a la cabina, la del capitán y hablo con quien más me puede ayudar, madre solo hay una y lo siento, pero yo tengo la mejor. Analizamos los botones, revisamos engranajes, apretamos tuercas y cambiamos el cd.

Soledad, desaparecer un rato, ¿por qué tenerle miedo? Me das más miedo tú, a quien he conocido, te he hecho un sitio en mí, y te he dado permiso para ralentizar mi giro, aunque nunca para pararlo.

Las personas que nos rodean son la base y hay quien no solo sube en mi rueda, sino que desde abajo la hace girar con más fuerza, la empuja para subir cuando va más rápido. Son mi maquinaria, sin ellos no podría rodar. Necesito de personas a mi alrededor, las relaciones son complicadas, pero…

¡Me encanta lo complicado, me gusta lo difícil y... lucho por lo imposible!

Después de casi 5 meses y sólo una hora de soledad, he tenido ganas de recoger mi atracción, pero aún me queda mucho que hacer aquí, mucho que darme, mucho que dar y mucho que recibir, y no sólo aquí, no solo a mí y no solo a ti.

Tengo motivos para llorar, pero me sobran motivos para sonreír.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Qui pot escollir?


Hace tiempo que quiero escribir sobre las personas que he ido conociendo aquí, la mayoría de ellos, con los que más me relaciono son como yo, vienen de mundos paralelos, y han saltado de su rueda, algunos por poco tiempo otros por mucho.

Pero mi padre me pidió que escribiera acerca de lo que piensa la gente de aquí, sobre como ven a los que habitan en nuestra esfera. Le expliqué que no es fácil pero que ya tenía cosas escritas y que necesitaba darle forma; escribo sobre lo que siento, y la gente de aquí me crea demasiadas sensaciones, quiero ser objetiva, descriptiva, realista, pero en África, Tanzania, Ruanda, Burundi, Moshi, Newland he conocido mucha gente diferente, que me ha marcado tanto o más que los parecidos a mí. 

Somos diferentes, ellos nos ven diferentes y nosotros, que intentamos no marcar esas diferencias, lo sabemos. Me lo preguntó un chico del que no recuerdo su nombre en un minubús en Ruanda, después de decirme que si me podía hacer una pregunta muy personal, me sorprendió preguntando: ¿Tú por qué crees que son más listos los blancos que los negros? Pensé que no entendía la pregunta, mi inglés no es perfecto y el suyo, licenciado en economía por la universidad de Kigali, trabajador en un banco, trajeado y con muy buena presencia, sí. Me explicó que los mayores logros mundiales habían sido obras de blancos, las infraestructuras más evolucionadas, los grandes descubrimientos, los avances científicos... él cree que los blancos son más inteligentes, quizás por cuestión de genética. Yo le respondo que no coincido con su opinión y que creo que es cuestión de tener las necesidades básicas cubiertas. Nadie puede escoger dónde nacer. 

Las normas también difieren; a nosotros se nos permite salir, entrar, beber, fumar, se acepta que las mujeres vistamos en tirantes, faldas, viajemos solas o conversemos con diferentes hombres. Se nos trata de otra manera, los hombres y mujeres de aquí quieren alternar con nosotros solo por nuestro color de piel. Se da por supuesto que tenemos una posición económica privilegiada, evidentemente, comparado con la mayoría de la población tanzana, es así. La economía mueve el mundo, te da derecho a entrar o no en un lugar. He visto a alguien enfermo abandonar una cama sólo al oír que por ser local no podía pasar la noche ahí, no necesitan que se les diga, aunque se les quiera ayudar, ellos aceptan su condición y no necesitan ser echados para irse. 

Todo cambia, y por hablar de vanalidades; llevo más de 4 meses aquí, son 4 meses sin pasar por la peluquería y mi pelo ha crecido, de forma que arriba es oscuro y abajo rubio. El otro día mientras limpiaba mi ropa interior, Cristina y Maggie, personal del hostel, me preguntaron si era natural, diciendo lo mucho que les gustaba "nsuri sana"; lo que para mí es la ausencia de estética, para ellas era moda, tendencia y novedad. 

Trabajo con niños, y de ellos aprendo más que de mí misma, y no es poco todo lo que voy descubriendo de mí aquí. Los niños saben que estamos aquí de paso, como otros muchos, pero nos dan todo lo que tienen, a veces cosas buenas otras malas. Somos dos razas, pero tenemos mucho que aportarnos. Catherin, un día, al salir del cole me dió una lección de las que nunca se olvidan: iba yo hacia el daladala seria, cansada, agotada, un día malo… me miró y me dijo: "Teacher! Smile!" 

Después de las últimas vacaciones, al volver al cole, Anna me dio un dibujo, me dijo que era yo en mi cama, tengo muchas dudas de que ella haya escrito eso, pero sea quien sea, no era como yo, y lo vio claro, vio lo que yo pensaba o lo que ella pensaba. Quizás no somos tan diferentes. ¿Quién puede escoger dónde nacer? 

I want to fly in an aeroplane. I want to see the world. 


miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿locura o cordura?


Vivimos en sociedad, eso significa que formamos parte de lo que se podría llamar un todo. Entiendo este hecho como si de una gran rueda se tratara que con impulso rueda por la cuesta abajo que define su camino. El lugar que ocupa cada uno en su rueda viene determinado por solo un factor, donde le tocó nacer. 

Cada sociedad tiene su rueda, y éstas van rodando, algunas de forma paralela, otras están mucho más avanzadas, otras se quedan atrás.

La cultura define la rueda. 
Entonces la rueda es la sociedad, la cultura la define. Entiendo este fenómeno como el aire que envuelve la rueda mientras rueda cuesta abajo, es el aire que respiro, la cultura me entra y me llena los pulmones. 

Vivo entre dos ruedas, respiro entre dos aires. 

He visto niños ponerse trajes de princesa donados para hacer deporte. 
He visto gente haciendo deporte con ropa cuyo valor es equiparable a 6 meses de alquiler en un pueblo rural tanzano. 

He visto gente cocinar para dar de comer a un perro. 
He visto gente lanzar un machete a un perro tal frisbee en la playa. 

He visto a un niño jugando con el último dispositivo móvil del mercado. 
He visto a un niño jugando con un palo arrastrando un zapato. 

He visto a una madre obligando a un niño a comer verduras. 
He visto a un niño repitiendo de alubias y verduras. 

He visto a alguien gritar al ver a una cucaracha. 
He visto a niños atando a un hilo un escarabajo para jugar mientras el animal intenta volar. 

He visto piscinas termales, chorros de agua, jacuzzis, saunas, baños turcos y solariums con música relajante. 
He visto un cubo de agua con una taza como ducha. 

Me he atado a mi rueda con un elástico, me he tirado al vacío buscando otras ruedas, me lleno con el aire que hay dentro de mi rueda, con el que hay fuera y con el que hay dentro de otras ruedas. No sé que rueda es mejor, si se que algunos me considerarán loca por elegir este estilo de vida, entre ruedas, otros me envidian, y otros lo comparten. 

Salto sin parar, es el puenting perfecto, salgo de mi rueda pero siempre con arnés. 

¿Rompo con lo escrito porque elijo vivir? 
¿Es locura dejarlo todo? 
¿Es cordura buscar la felicidad? 

Simplemente libertad… 


martes, 26 de agosto de 2014

África modo ON




Me invaden multitud de sensaciones, no es nada nuevo, llevo aquí casi 4 meses, y a pesar de que vine pensando que tenía apagado el sentir, me he dado cuenta de que no he parado de hacerlo. 

Durante estos dos últimos meses mi experiencia africana se ha puesto en pausa, para ver la otra realidad de lo que este mundo significa. En estos dos meses he pasado de compartir casa con 5 locos, a los que adoro, a conocer a 80 nuevas personas, de las cuales me quedo con muchas, y con dos para siempre.  

He sentido como España invadía Tanzania, he sentido como España me invadía a mi. 

Se necesitan malos momentos para disfrutar los buenos, igual que es necesario alejarse de las comodidades para saber valorarlas: he alucinado de verme las uñas pintadas, casi lloro al ver una pizza de aguacate y bacon, comido una tarta de zanahoria o un batido de plátano, me he puesto guapa para salir a cenar, he preparado un disfraz, he cotilleado con mis amigas, me he creído que tenía una casa en forma de tienda de campaña, he bailado en medio de una shamba porque de repente sonaba la canción oportuna, me he reído como nunca y como siempre, he sentido la felicidad en primera persona, he disfrutado de cada momento como si fuera el último, pero… yo no estoy en España, yo vivo aquí y aquí también soy feliz. 

He pedido a gente que me donara ropa, he pedido gel, champú, pasta de dientes e incluso tampones, me ha parecido caro comer por 10.000 tzs, al cambio 5 euros, y me ha molestado la música que me impedía ver con claridad por la ventana del daladala.
Visto de donaciones, ropa con agujeros pero con valor sentimental, mi colonia es anti mosquitos, mi cama una litera, mi música es africana, y mi familia me recuerda quien soy y que hago aquí, mi ordenador es mi contacto con el mundo, del que a veces necesito desconectar, mis amigos, los de antes y los nuevos, mi mayor tesoro, vivo de recuerdos, de los que ya pasaron y de los que vendrán.

Ellos llegaron y se fueron, y los que quedan se irán. 
Han dejado huella en mi, incluso algún agujero a medida, que solo esa persona puede ocupar, y lo ocupa desde la distancia. 

Me doy cuenta de cómo avanzo, de cómo acepto las cosas como vienen, de que me hago mayor o simplemente maduro, si miro unos meses atrás me veo 10 años más joven. Y me doy cuenta de que esto sigue, que África se pone en ON de nuevo, y que aún me queda mucho por contar. 
Esto es el ecuador así que, se puede mirar atrás, pero solo un ratito porque hay mucho que ver delante, sigo siendo una locomotora que avanza, pero empiezo a soltar vagones. 

Por Patricia y Ena que suben el Meru sin mi, pero conmigo en cada paso.




jueves, 21 de agosto de 2014

Llenguatge universal



Antes de venir ya sabía que no hablaba bien inglés, mucho menos suajili y ahora me he dado cuenta de que tampoco castellano, ni siquiera catalán.
He aprendido un lenguaje nuevo.
He desarrollado el idioma universal, y me entienden, basta el querer expresarme y el querer entenderme, y no solo yo debo conocerlo, sino que lo único necesario es la intención tanto del locutor como del receptor, aunque eso pasa en todos los idiomas, no basta con uno, se necesitan dos.

Me comunico a diario con mi nuevo idioma, ese lo domino perfectamente, y solo con una mirada, puedes saber lo que pienso, y aún más allá lo que siento. ¿Controlas tú ese idioma, sabes verlo en mi?

No hace falta verme, para entenderme, ahora mismo me estoy comunicando, desde mi cama envuelta en una mosquitera, y utilizo el lenguaje aprendido como herramienta, se manifiesta en castellano, es escrito, pero dice mucho entre líneas, como puntos existen entre 0 y 1, infinito.

Me comunico con miradas, con palabras, con imágenes, con letras escritas de forma ordenada construyendo ríos de información, me comunico con suspiros, con lágrimas, con risas, con levantar los ojos. Me entiendes si miro a otro lado, si bajo la cabeza al hablar, si me toco el pelo, o guiño un ojo.

Vivo inmersa en una cultura diferente donde mujeres vestidas de colores sonríen sin cesar al cruzar miradas de complicidad, donde hombres te observan sin parar, donde las montañas no siempre se dejan ver, donde la gente viene y va, donde todo lo que se vive es real.


Hablo con niños que no hablan mi idioma y me respetan, hablo con perros que me protegen sin darles nada a cambio, hablo con mujeres y hombres solo con el interés de entendernos, hablo con iguales, y con diferentes, pero hablo, hablo sin parar y escribo… Porque necesito parar el tiempo para que nada se me pase, porque cualquier instante vale la pena, porque este regalo de la vida no se puede inmortalizar, te entiende quien te quiere entender y el entender como el querer no tiene límites.