sábado, 21 de junio de 2014

No sempre es veu el Kili



Fin del term. Las fuerzas flaquean, la dureza del trabajo diario junto con las características propias de cada uno (hijo de su madre y de su padre) han creado un ambiente hostil dentro de un entorno de paz. África también permite el estrés, el enfado, los celos, la envidia, la codicia, el control, el malestar, el odio… es cuando el Kili se nubla… y no se deja ver. Parece que hace bastante que no se ve el Kili desde Moshi. Aunque todos sabemos que nosotros, que ya lo hemos visto, podemos volverlo a ver cuando queramos. 

Somos cinco locos que nos pasamos 24 horas juntos, nunca había compartido tanto tiempo con nadie, y aunque lo importante no es la cantidad, sino la calidad, la suma de horas, minutos y segundos en ausencia de soledad la hacen más necesaria. Nosotros, sacamos esto adelante, ahora mismo somos los que somos, y aunque sabemos que mañana seremos más y que dentro de un año serán otros, tenemos la responsabilidad que hemos adquirido, cada uno la suya, con el proyecto y con nosotros mismos. Nos escuchamos, nos apoyamos, discutimos, debatimos, nos emborrachamos, nos reímos, y nos separamos, para volver a juntarnos, porque aquí somos un equipo o una familia, llámalo como quieras.  

Ahora ha acabado el term, y nos separamos por 15 días de esos pequeños cuerpecitos negros que nos hacen gritar, reír, irritar, reír, desquiciar, reír, saltar, correr, volver a reír, aprender, llorar, reír de nuevo y millones de sensaciones inexplicables, tales como orgullo, desesperación, felicidad, tristeza… 

No podría definir con una palabra el sentimiento que tengo hacía ellos, pero quizás se pueda entender con la conversación que tuve ayer, cuando nos despedíamos, se me acercó Julius: 
- Teacher, Sarah? (una voluntaria que estuvo aquí antes que yo)
- She is at home, in Spain. 
- Teacher, you home? 
- No, I am going to Ruanda on holidays, and then I will come back to school. 
- Everyday? 
- Yes, everyday until December.  
- December… See you teacher. 
Sonrió y se fue… No sé si el balance de esta conversación es bueno o malo, pero sí sé que se repite en mi cabeza. 

Julius o Julias, como él dice, fue de los primeros chicos que vi, o de los primeros en los que me fijé, tiene una historia personal dura, aunque eso no lo diferencia mucho de los demás, tengo que admitir que me transmite cierta conexión o empatía, aunque los primeros días me imponía… es un "macarra", supongo que siempre me han llamado la atención los chicos malos (como a la mayoría de mujeres), en clase no suele prestar atención y lo que es peor, es de los que, como decimos entre nosotros, te puede desmontar toda la clase, pero aún así, poco a poco, el chico que me imponía, que me daba respeto, e incluso cierto miedo, se ha convertido en el chico que cuando se le cae un diente me lo enseña como si me fuera a convertir en el ratoncito Pérez y mi mejor regalo fuera mi sonrisa. Aunque el Kili no sea vea, en esos momentos asoma y lo ves, dentro de ti, sigue estando. 

Mi grupo de mates está formado por tres pitufitos, Idaya, Jafari y Victar, no es el mejor grupo, ni el peor… Al principio, solo se reían de mi, me decían mal sus nombres, no me prestaban atención, las clases de mates para mi eran una tortura, sentía que se aburrían, que no les hacía ningún bien, pero no tiré la toalla, aunque tuve muchas ganas, nadie dijo que fuera fácil y con el apoyo de mis compañeros, que a veces me ayudaban y siempre me animaban, conseguí conectar con ellos, hacerlos reír en alguna ocasión y callar cuando se lo decía, eso para mi era un avance enorme, ya empezaba a creerme mi papel de Teacher, algo que nunca pensé que podría ser, el día que Victar se rió conmigo yo ya no pude dejar de sonreír.
Lo mejor vino cuando vi que progresaban, no solo llegaba a ellos, sino que cada vez sumaban y restaban más rápido, ya no utilizaban los dedos sino la cabeza, y había sido yo quien les había ayudado a hacerlo, y aunque el mérito es suyo por aguantarme día tras día, ya no sumábamos 1+1=2 sino que habíamos pasado al siguiente nivel, 9+8= 15 y lo que es mejor, 13+9=22, lo apuntábamos, llevábamos uno y hacíamos la operación, todos juntos y luego mentalmente (eso ya parecía más complicado) pero fue ahí, cuando le enseñé la carta a Jafari que ponía: 

12
 9 
___

Y él se quedó pensando, miró para abajo, movió la boca sin pronunciar palabra, hablaba para él concentrado, y de repente... gritó: Twenty one!!!! Teacher Twenty one!!! Sin apuntar nada, llevando una en su cabeza… Sentí un orgullo, superior al que pude sentir cuando salió la nota de mi proyecto de final de carrera. En ese momento el Kili estaba enorme!!! 

Como unas personas tan pequeñas, te pueden hacer pensar tanto, y sentir tanto, incluso soñar… 

Aquí no solo ellos te hacen pensar, sino que la familia que hemos creado también, ahora no solo me separo de mis niños sino de ellos, incluso puedo decir que me voy de casa, cuando vuelva ocuparé otra cama, y tendré otros compañeros además de los que dejo, pero igual que el día que me despedí de mi madre y abuelos, me despediré mañana de ellos para emprender una aventura dentro de la aventura… Me acuerdo perfectamente del abrazo que me dio mi Iaia antes de irme, y aunque se que ninguno de los que pueda recibir aquí será igual que el suyo, me los guardo, junto con el suyo,  para seguir construyendo mi propio Kili. 

El lunes partimos a Ruanda, pasando por Mwanza, quizás Burundi, Kigoma, y donde el viento, nuestras ganas, nuestro dinero y la suerte nos lleve. Espero que a la vuelta, el Kili se deje ver, y sino, no habrá problema, porque yo ya lo he visto y sé como es, el mío sigue en construcción.  



sábado, 14 de junio de 2014

Shock cultural


Después de más de un mes aquí, de un mes intenso pero de adaptación, llega un momento en el que abres los ojos, y ves lo que ahora es tu nueva casa. 

Ya has llegado, ya te has instalado, ya has caminado por tu barrio, ya sabes donde venden el agua más barata, chapurreas el suajili como para poder tener una conversación de: 
- Hola, ¿qué tal? 
- Bien, ¿y tu?
- Muy bien, gracias.
Conoces la comida, ya te has aprendido que cenarás cada día, sabes como hacer para que la mosquitera no te de en la cara al dormir, como poner el agua de la ducha para que salga lo más caliente posible, conoces a la gente que te rodea, sabes incluso como sacarles una sonrisa, sabes por donde te moverás, por donde saldrás, que cerveza beberás, sabes decir que sí y que no, sabes que vale la vida aquí, el precio de un taxi y el de un daladala, sabes cuando te están engañando y cuando solo lo intentan, ya tienes una ruta marcada para ir a correr, un horario fijado para hacerlo y música africana en tu móvil. 
Ya no ves a todos los niños iguales, y conoces todos sus nombres, has aprendido a imponerte, ves como avanzan en tus clases, empiezas a sentirte cómodo, te relajas… y de repente… 
This Is Africa… 

Te das cuenta de donde estás, de que esto es otro mundo, de que estás lejos de casa, de que todo ha cambiado. Te gusta, de hace sentir vivo, pero tienes que vivirlo, es tu nueva casa, y no va a dejar de sorprenderte, por eso la has escogido. 

Las sensaciones del principio han cambiado, tú has cambiado desde que estás aquí. 

Al principio los niños te imponían, te miraban desafiantes, se reían de ti, te intentaban engañar con sus nombres, y no te escuchaban lo más mínimo, pero ahora, te miran y te sonríen, vienen a ti buscando ayuda y no solo un rato de diversión, se saben tu nombre, te enseñan los diplomas y regalos que han conseguido siendo los mejores de la clase en alguna de las categorías: inglés, mates, deporte, arte, mejor de la clase chico y chica, buscan la felicidad en tu cara, que te sientas orgulloso de ellos, y lo haces, ya no te imponen, no les tienes miedo, son parte de ti, son tu nueva familia y viven en tu nueva casa. 
Pero no te confíes, son muy listos, más que tú… y aunque te quieren… y tú a ellos, por aquí han pasado muchos como tú y ellos saben que te acabarás yendo y les dejarás aquí. 

Esta es la otra cara de África.
Sí, "África ni jambo la ajabu sana" (es maravillosa) pero es tremendamente jodida… 

Después de visitar el Kilimanjaro Orphanage Center el pasado miércoles, del que solo puedo decir que es genial, un jarro de realidad africana ha caído sobre mi, conocí a una veintena de niños sin familia, a los que, como a mis niños, visitan multitud de voluntarios a lo largo de sus vidas. Les pude dejar unos regalos que me había dado una amiga que estuvo un tiempo atrás con ellos y, gracias a eso, pude ver como diez niños eran tremendamente felices, aunque solo fuera por un instante, al ver rodar una peonza, rodeándola y dando golpes al suelo, como si nuestros gritos de "Ue, ue, ue" fueran a darle vida a ese trozo de madera, pintado de colores, al que ahora cualquier niño español buscaría los botones de encendido y apagado. Sentí felicidad y tristeza a la vez, aunque después de eso, solo pude irme al hostel y meterme en la cama, apagar el corazón y la cabeza. Al día siguiente de moría de ganas de ver a mis niños, de los que puedo decir que, en algún caso, no por tener familia son más afortunados, solo quería abrazarles. 

El viernes celebramos el final del term, pudieron venir sin uniforme y les hicimos entrega de los diplomas y premios que ya he mencionado,  pusimos música, bailamos, jugamos al fútbol y tuvimos lo que puede llamarse fiesta de final de curso, aunque acabará el viernes que viene, que será cuando los padres, la mayoría analfabetos, vengan a buscar las notas de sus hijos, documento que seguramente no entiendan. Verles con sus mejores ropas, muertos de vergüenza a la vez que contentos de que les veas, fue una experiencia increíble, sobretodo porque te parece que un pijama de Hanna Montana, fruto de alguna donación, puede convertirse en el vestido de gala más bonito que has visto nunca, o la camiseta de la guardería de al lado, o un traje pantalón tamaño diminuto,  o como un kanga (pareo africano) que no para de moverse al ritmo de la música puede ser el mejor traje de noche de la mejor bailarina de la pista. 

El viernes dio mucho de sí, camino al hostel vimos como un hombre tiraba de un carro que rebosaba pollos, apilonados unos encima de otros, aún vivos pero deseando no estarlo, los vende por la calle, el precio está por negociar, como todo aquí, el dinero mueve el mundo, y aquí el mundo también tiene que girar, estés donde estés eso no cambia. 
Seguimos andando y vimos a un grupo tocando timbales, miré y un Karibu (bienvenido) me dio permiso para entrar en la casa de alguien, explicarles que quería aprender y ser invitada cuando quiera a tocar con ellos, "todos los días estamos aquí, a esta hora menos los domingos, serás bienvenida". Me enseñaron un ritmo a cambio de nada, o de mi sonrisa, o de mis ganas, o de las suyas al ver que quería aprender, que me gustaba lo que hacían. 
De donde comimos al hostel hay 10 minutos andando, y el camino aún nos tenía preparada una sorpresa más, pasamos por la gasolinera y ahí estaban, cuatro chicos bailando, bueno, eso no es bailar, es exhibirse, es volar, es vibrar, es gimnasia, es arte puro… en medio de la gasolinera, mientras un dj. pinchaba desde un camión, el objetivo era publicitar un producto para coches, TIA. 

Por más que te acomodes, que te sientas en casa, que te relajes, esto sigue avanzando, aún te queda… Tienes que volar mucho más alto, tienes mucho camino por delante, no te despistes, que te pierdes lo que tienes delante y no te fuerces, todo llega. 




viernes, 13 de junio de 2014

La por a equivocar-me (i una veu digué...: equivocar-se és bo)



A principio de semana decidí que escribiría sobre mí, no sé porque motivo pensé que antes de seguir escribiendo sobre lo que veo, sobre lo que hago, sobre lo que siento o sobre quien me rodea, debería explicar que me trajo aquí, como soy, que sentía allí, supuse que de esta forma sería más fácil vivir está experiencia lo más próxima a mi, lo más real posible.  
He fracasado. He tratado de escribir sobre mí y sólo he conseguido tener una semana durísima. 
Que tan difícil es conocerse a uno mismo, soy un rompecabezas que se está componiendo, y hasta que no sienta que este esté acabado, creo que no podré definirme, y la verdad,  espero que no llegue este momento, pues me encanta sorprenderme cada día de mí misma, de ver hasta donde puedo llegar… como por ejemplo a cruzar medio mundo, para pasarme los días alucinando con cada cosa que veo.

Como dice mi mitad, soy muchas personas en una, suelo tomarme esa afirmación como algo negativo, puesto que me da a pensar que estoy completamente loca, aunque ella dice, que quiere decir que soy completa, que es imposible aburrirse conmigo.   
No creo ser completa, de hecho creo que me estoy formando y que me pasaré la vida haciéndolo, he venido a África a aprender de mi, mientras enseño, y si el querer no tiene límites, el aprender tampoco, y para querer, hay que aprender a hacerlo, y para aprender, hay que querer hacerlo. Hoy por hoy, me queda mucho que aprender, incluso a querer. Eso sí, no sé que será cordura, ni que será locura, ni que es normal, ni donde estoy yo, pero no me importa.  

Puedo decir, que soy un ejemplo más de todos los que estamos aquí o pasaron por aquí en algún momento, personas que estudiaron, trabajaron, y se crearon una vida en un mundo muy diferente al que hoy es el nuestro. Hay quien viene aquí huyendo de algo, quien busca un cambio radical, quien solo quiere vivir una experiencia trascendental, quien sus inquietudes imperan sobre su comodidad. Nos llaman la atención los países subdesarrollados, sus culturas diferentes a las nuestras, su forma de vivir, su forma de pensar, y de dar valor a las cosas que realmente importan o no. 

En mi caso, cree un sueño: viajar, recorrer el mundo, lo dibujé en mi mente imaginándome en la India, país del que no se nada, pero por algún motivo genera en mi multitud de sensaciones, me veía metida en su mundo, comiendo su comida, durmiendo en sus camas, vistiendo mis ropas y ayudando en todo lo que se me pidiera. Pero me dije: algún día… 

Suelo conseguir lo que me propongo aunque a veces necesito un tiempo, abogo por el luchar, por el nunca es tarde, por alcanzar sueños, por no creer en imposibles, incluso diría que creo en la utopía del amor verdadero, la amistad infinita y la necesidad de mi familia. Las limitaciones nos la ponemos nosotros mismos, como consecuencia de la sociedad en la que vivimos, pueden tomar forma de responsabilidad, de miedos o de excusas, hay quien trata de saltarlas y quien renuncia. 
Yo renuncié, durante un tiempo, me cree una vida "normal" dentro de mi propia locura. Me busqué un trabajo, lo tenía todo, pero algo me faltaba… busqué en lo más hondo de mi, y me decidí… 
Tenía que volar… tenía que dejar de soñar… tocaba despertar. 

Siempre me cuestiono, en cada paso que doy, incluso físicamente, temo equivocarme y compito conmigo misma por mejorar. Nunca me es suficiente donde puedo llegar y tengo miedo a lo que, con mi hermana elegida, llamamos "infelicidad crónica", que consiste en no conformarse, en no ser "normal", en querer más de lo que la vida nos quiera o pueda dar. 

Ahora estoy aquí en el colegio de Born to learn, en un aula, rodeada de 23 niños africanos, sentados en el suelo, mirando desde mi ordenador un documental sobre Egipto. Creo que es la mejor utilidad que le he dado al ordenador en mi vida, y teniendo en cuenta que me saqué la carrera a distancia y que por tanto él fue mi mejor compañero de clase, tengo mucho que pensar. 

Esta semana, he pensado sobre mí y he reventado, soy una locomotora que avanza sin mirar atrás, pero sin dejarme ninguno de los vagones que he ido recogiendo durante toda mi vida. He apagado la cabeza y puesto en marcha el corazón. 
El inconformismo, las limitaciones, las preocupaciones, han pasado a otro nivel. Sigo temiendo equivocar-me, sigo teniendo miedo al futuro. Pero ahora, no veo más allá del presente que me da tanto cada día que no sé como se lo podré devolver. 


"Lo que sueñas vuela" 

viernes, 6 de junio de 2014

Rodant en Daladala



De lunes a viernes viajamos en el tiempo, nos subimos en el daladala y volamos. Se trata del autobús de línea formado por una Van destartalada. He hecho muchas preguntas sobre estos vehículos que me sorprenden a diario cuando ningún bache se les resiste. Les he visto ir llenos, vacíos, con gallinas, con árboles, niños, comida e incluso un día llegué a oír un gato al que nunca llegué a ver. 

Por dentro están destrozados aunque ahora pienso que es la decoración perfecta. Los vacían, les quitan embellecedores, asientos y cualquier otro rastro que pueda quedar de lo que un día fue una furgoneta, para ponerles raíles que sujetarán asientos donde entrarán multitud de personas a diario con sus historias, como yo ahora. 

Cada día nos recoge en nuestra casa, en silencio nos subimos y disfrutamos de nuestro viaje, cada uno a su manera, hay quien aprovecha para estudiar, escribir, quien escucha música, quien habla con el de al lado hasta dejarle anestesiado de cualquier palabra en inglés, o quien, como yo, mira por la ventana, calla, habla, canta, baila y vive su viaje cada día igual, pero de forma diferente. Como Jose diría: "utilizando el microscopio"

Los dos trayectos al día que me da el daladala son los momentos en los que más pienso. Me pasan infinidad de cosas por la cabeza mirando las calles de Moshi, sus gentes, viviendo el día a día, negros en círculo desayunando, mujeres con infinidad de objetos en la cabeza, gente trabajando y otros parados mirando como pasas, sentado en tu asiento, con incredulidad. ¿Qué pasará por sus cabezas? Quizás: "Mira este blanco, ¿qué se le habrá perdido aquí?, veo el maizal, los árboles, a veces intuyo el Kili otras incluso lo llego a ver. Y pienso… 

Me acuerdo de lo que soñé esa noche o no. Me acuerdo de lo que dejé en España y de a quién dejé allí, pero sigo mirando por la ventana y vuelo, cierro los ojos y veo las caras de mis niños, porque me he dado cuenta de que no hay tiempo mínimo para querer a alguien ni tiempo máximo para dejar de hacerlo. No me olvido de mi vida ahí, pero me escucho a mí y el silencio que caracteriza este continente me permite continuar, disfrutando como nunca y como siempre de mi trayecto. 

El daladala se pone vertical, pasamos por un bache, o mejor dicho un agujero, que haría parar a cualquier vehículo español, pero aquí no se para, no se mira atrás. Agustino no le teme a nada y continuamos como si del Dragon Khan se tratara, avanzamos hacia la Diversión, que señaliza un tramo en obras, como yo, que pretendo construir un camino lleno de baches y terreno liso. 

Hoy, pensando en lo que iba a escribir, me he acordado de lo que un tiempo atrás fue para mi el mejor momento del día, hace 10 años, cuando a las 8 de la mañana mi abuelo me llevaba al colegio. Me sentaba en su coche repleto de comodidades, a su lado, cerraba los ojos y sentía la paz que ahora siento en el daladala, solo que ahora pienso en él, en lo que soy gracias a él y en todo lo que le podré contar cuando le vea. 

Llegamos a Newland y los niños corren hacia el cole al lado de nuestro avión, a veces gritan nuestros nombres, a veces nosotros los suyos, y sonríen, contentos de vernos. 

Al acabar el día volvemos a volar, esta vez cansados, he llegado a dormir, como un buen tanzano, apoyada en el asiendo del daladala mientras circulamos por la autopista sin asfaltar. Ir en nuestro avión es una recompensa para algunos niños a los que acercamos a sus casas hasta el día siguiente. 

He volado a Newland, Arusha y Marangu, y no sé dónde volaré mañana, pero si sé que me agarro a este vehículo, en el que ahora tengo asiento, quizás mañana iré de pie, pero se que me llevará en el tiempo, me hará pensar, recordar, sentir y vivir todo lo que yo quiera. 

Porque como me dijo alguien muy importante para mi: "En esta aventura estas en buenas manos, porque estas en las tuyas". 



martes, 3 de junio de 2014

I per qué no?




Hace ya un mes que vivo en Moshi, Tanzania, desde que decidí irme mi madre me dijo que escribiera un blog. Hace ya un mes que me fui y una semana que escribí lo que ahora llamo mi primera entrada. ¿Y por qué no? 

Hace mucho que no escribo y no se porqué. Quizás sentía que no tenía nada que decir o quizás no encontré el momento. Da igual, todo son excusas, simple hay excusas para no hacer lo que uno se propuso, lo que uno quiere hacer. 

Estoy en el suelo de mi habitación, mi nueva casa que comparto con una compañera del proyecto, diría amiga, aquí es rápido hacer amigos, aunque a decir verdad, nunca me ha costado. Hay cuatro camas más además de nuestras dos, así que vivo en una casa compartida, compartida con desconocidos. ¡Qué guay! Diría yo un tiempo atrás, pero lo mejor es que lo sigo pensando. ¡Qué guay! Aunque claro, sólo hace tres semanas, ya veremos qué pienso en Diciembre. 

Necesitaba escribir, sonrío pensando en mi vida, sonrío pensando en mí. Me gusta. 
Ya tres semanas aquí, ¿o eran sólo? Han pasado muchas cosas. No sé dónde me quedé, aunque por cómo estuve la primera semana, me imagino que genial, todo genial. 
Han pasado muchas cosas, muchos pensamientos, muchas imágenes, muchas palabras, muchos hechos, diría que risas y algún llanto. 

Una semana atrás en el cole, vi un niño descalzo, vomitado, tambaleándose, yo lo consideraría un bebé, de los que ahora llamamos tamaño águila, no fui capaz de dejarlo solo y me bloqueé por unos instantes, he conseguido reírme de eso, con ellos todo es diferente, ¡Sí! mis chicos voluntarios, todo lo hago mío, son solo tres semanas aquí y ya son mis chicos. ¡Madre mía! Pues eso, ellos lo hacen todo diferente, parece que no sienten, pero no, están aquí por lo mismo que yo, pero a su manera, me dan la paz que necesito, la locura que me falta, el misticismo si lo busco, la seguridad que me protege y el silencio que… Me encanta cuando Joan dice que aquí no hay ruido, y es ese el ruido del que me evado ahora.
Con ellos puedes reírte de algo traumático aún sabiendo que no tiene gracia porque esto es así, ellos son diferentes, porque esto es diferente. 
Tamaño águila, porque aquí hay que ir con cuidado con ellas ya que cazan para comer. Aunque no es lo único que se dedica a cazar, este es un país de caza. Negros que cazan blancas, blancas que cazan negros, señoras que cazan perros, niños que cazas escarabajos para atarlos a una cuerda y hacerlos volar a modo de juguete…
Aquí todo es diferente y no se puede explicar, hay que vivirlo. Y aquí todo se vive intensamente, espero no olvidarme. 

Personalmente, voy asumiendo mi rol en la escuela, creando mi autoridad o mejor dicho creyéndomela, le temo al idioma y odio mi carácter, un día feliz, otro triste, otro alegre, y ahora… Ser una montaña rusa no me gusta cuando los cambios son a mal, pero siempre me lo he dicho, sólo depende de mi. Joan me dijo: "si a los demás les agrada tu compañía, deberías plantearte por qué a ti no". 

Y... ¿qué contar de África? África es inexplicable, ahora oigo una banda tocar desde mi ventana, ¿será una boda? Supongo, hay una gasolinera/restaurante delante del hostel. ¡Sí! en una gasolinera, TIA (This is Africa),  donde perros muerden niños y hay que dejarles en el suelo aún sangrándole el pie, donde masais llevan paraguas, donde los niños se pegan, se suben a los pupitres, se ríen de ti y contigo, te hacen quererles, te peinan dando tirones pero te encanta, te traen una taza de Uji (potaje de desayuno) sin pedirlo, cuando llegas te abrazan y cuando te vas te dicen "See you tomorrow!" o viene Salma a jugar a "Cho-co-la-te" ¿Quién le habrá enseñado eso? Alguna voluntaria. ¡Jo! Cúanta gente como yo habrá pasado por aquí, o por esto, cuánta gente se remueve en su búsqueda, en la búsqueda de uno mismo. 
África es donde gente como yo, que no tenemos ni idea de nada se viene a encontrar, a sentirse útil, a ser feliz con nada. Porque África lo tiene todo sin tener nada.

Africa ni jambo la ajabu sana. (África es maravillosa, en suajili)