Toda aventura tiene un principio, toda vida tiene un final.
Desde que convertí mi vida en aventura digo que tengo dos años de vida,
nací en Tanzania, crecí en Madrid y he venido a Zambia a madurar, a conocerme
más o a dejar de hacerlo, ahora lo único que me asusta es dejar de soñar.
Cada día me despierto a las 6 de la mañana para volverme a dormir, es como
si supiera que despertando solo un rato podría hacer esos últimos sueños
realidad.
En uno de mis sueños camino por una calle sin asfaltar, no es un camino
fácil, hay agujeros, charcos, cristales y arena que hace que me cueste avanzar,
de repente un montón de niños gritan y se abalanzan sobre mí, alguno me toca el
brazo con fuerza intentando sacar el negro que tiene que haber debajo de mi
piel, me agarran la mano y seguimos andando por el mismo sendero donde ahora
cada piedra es muy sencilla de saltar.
Algo nos detiene, el cielo se pone negro y alguien grita, ¡qué viene! Sin
saber porque empiezo a correr para darme cuenta de que algo me persigue, pero
no tengo tiempo de mirar atrás, la oigo acercarse, cada vez más fuerte, me está
empezando a mojar, una casa destruida nos acoge entre risas, los caminos se
vuelven ríos, el cielo completamente blanco y el sonido la mejor canción.
No llego a abrir los ojos pero estoy sentada, tengo una bebida de manzana,
un ordenador, y estoy dispuesta a describir todo lo que me rodea pero me quedo
parada cuando un carro de pollos entra por la puerta del restaurante esperando
que compre alguno para al final volverse a ir.
No me puedo despertar, mientras como con las manos, haciendo una bola de
una masa de maíz que mojar en salsa, una cucaracha se acerca a mi, no quiero
compañía, al menos en mi plato y no lo dudo dos veces para apartarla con la
mano, creo que la araña que se asoma a saludar no se atreve a acercarse más.
Ya no quiero despertar, hay mucha gente en mi sueño, no están cerca, ni
lejos, no caminan conmigo, no comen conmigo, no duermen conmigo, pero hacen que
mis sueños se hagan realidad.
Dormida, me acerco a una mesa, ¿qué quieres tomar? ¿algo de beber? Tengo de
piña, manzana, ciruela, Pepsi, 7up… carne, pollo, pescado, tripas, y patas de
algún animal. Mujeres rodeadas de telas
con bebes a la espalda dan silencio al local.
Mi colchón marca mi cuerpo a la perfección, la sábana ligera me da
sensación de libertad aún estando rodeada por una mosquitera con agujeros
cubiertos por cinta, me veo capaz de seguir soñando.
Ahora, trabajo en un restaurante, atiendo a señores de traje y miro a
través de la barra la vida pasar, buscando el cielo, la lluvia caer, sacos y
sacos que avanzan subidos en cabezas, taxis que pitan para que sepan que están
libres, idiomas incomprensibles, sacar un rato para bailar, y al caer la noche
cerrar la caja y volver a soñar.