jueves, 3 de diciembre de 2015

Escribe, escribe, escribe...

Asilah, Marruecos. Junio 2015. 

 Eso suena en mi cabeza desde la última vez que me senté, y escribí. 
Y no es que no tenga nada que decir, quizás es que tengo demasiado. 

Entonces empiezo a soltar palabras, con un orden que parece que le da sentido hasta conseguir una frase. Eso que a Patricia tanta rabia le daba, directamente aquí, donde muchos posts se me perdieron ante la huida del internet cuando escribía desde mi cama encerrada por una mosquitera, o las infinitas palabras que se me amontonan en cuadernos tanzanos que me acompañaron en el camino. 

Pero no, aquí no hay cuadernos tanzanos, y no es que se me haya olvidado escribir, ni siquiera sentir, mucho menos vivir, sino que a veces he sentido que no tenía nada que contar o ¿había dicho demasiado? 

Exactamente a 21 días de dejar Madrid, hacia un rumbo más o menos definido, pero siempre desconocido. Donde solo espero volver a escribir, y no dejar nunca más de hacerlo. Será eso de que África inspira, y hay mucha África por vivir. 

Y hablando de esperar, no esperes nada, que nada te van a dar. Y no es el tópico de ser feliz con menos, ni con nada, ni siquiera se trata de ser feliz. Yo simplemente trato de ser, dejar que cuando todo se tambalee se caiga y una vez abajo volver a empezar. Disfrutar del camino y aprender. 

Cada vez tengo los ojos más abiertos, cada vez veo más. He aprendido y desaprendido. Saber cerrar los ojos aunque solo sea para dormir y no ver, y no sentir y no pensar en ti. Pero que llegue un momento en el que al despertar, al despertar... haber vuelto a soñar. 

Vivo entre contradicciones, dentro de mí e infinitas por ahí fuera. 
Aquí, allí, ¿dónde? no sentirte de ningún lado y del mundo entero, ese que te llena y te duele, incomprensible… inexplicable… inexplorable… tanto mundo ahí fuera y yo aquí tan pequeñita. 

Un mapa, un destino, y saber que solo una persona es suficiente para levantarlo o derrumbarlo, pero tú pequeñita ahí delante, rígida, fría, inmóvil, sueños que vuelan y no aterrizan, pero ahí. Ahí delante del mapa sosteniendo tu mundo, ese tan grande, incomprensible… inexplicable… inexporable, pero tuyo… bañado por tu mar de contradicciones. 

Y todo eso que no entiendes ahí fuera, y aquí dentro. Porque si no entiendo a veces lo que siento, como entender lo que sientes tú, y él, y ella… 

Cuanto más aprendía menos entendía, hasta que decidí dejar de entender, y simplemente ser, aceptar, respirar, y avanzar, pero sobretodo empezar a disfrutar de la incomprensión, de la perfección de mi mundo imperfecto, con vacíos, con agujeritos por los que a veces pasa el aire y otras veces se colapsan, pero conmigo y contigo, hasta aquí.

Y mañana… quien sabe mañana. 



Kigoma, Tanzania. Junio 2014.

martes, 16 de junio de 2015

Una parte de (mi) Madrid



Madrid es… dónde perderse y encontrarse. 
Es hostilidad allá donde mires, desubicación, miedo, e incomprensión. 

Madrid son personas que vienen y van, a las que ves y no ves, es sentirte invisible, es hacerte visible. Son gladiadores cruzando la calle hasta chocarse para ganar la batalla de poder avanzar. 
Es quien fuma por la calle cuando tu caminas detrás. 
Es el chico que acompaña cada mañana a su novia hasta la parada del bus, la besa y la ve marchar. 
Son chicos con barbas infinitas y chicas enseñando el ombligo. 
Es el chico del tatuaje del elefante en el gemelo, el del perro que te quiere saludar, la mujer de la farmacia que te regala caramelos, y quien en el supermercado te quiere ayudar. 
Son activistas evitando desalojos, son conferencias, manifestaciones, charlas, preguntas y alguna respuesta. 
Es el empresario comiendo en un banco.
Es tomar el sol en un parque mientras una lombriz te acompaña. 

Madrid son cervezas, vinos, croquetas, alitas, patatas bravas, algún gyntonic, caipirinhas de fresa y lo peor, chupitos de jager. 

Madrid son muy buenos ratos, buenos, regulares, malos y muy malos. Son risas y lloros, es estar vivo. 

Madrid es 15 minutos más media hora en bus para llegar al trabajo, y es el trabajo en sí. 

Madrid son clases hasta las 21h, estudios de caso, dinámicas de clase, es representar a la cooperación española, presentaciones en inglés, una clase con Monedero, incomprensiones sobre el mundo real o irreal, y ratos con ellos. Es la tesina infinita… 

Madrid es frío y calor abrasador. 

Madrid es la gente de aquí, los de fuera, los de casa de visita y los de casa aquí instalados. 

Madrid es la paloma que te caga encima para demostrarte que sí, puede ir peor. 


Madrid son Tere y Ana bebiendo té de menta en casa, es escuchar las historias de Marininha, es cenar a la luz de las velas con Johanna, planes sin plan con Patricia, la risa contagiosa de Claudia, son dibujos en un cojín, es gente y más gente por la calle, es Celia demostrándome que en Madrid no todo es malo, gritar y saltar en un concierto de Álvaro, es conversar con Jenny acerca de todo, las perspectivas, nuevas para mi, de Marta y Kike. Es Sophia y su sonrisa pintada en la cara, las noches de creps, 100 montaditos o de tablao flamenco. Son abrazos al saludar. Son emails con mi familia tanzana, son los consejos de Jose y Joan. 

Madrid es vivir sola y sentirse así. 

Sin duda, Madrid es Él y mi corazón hecho pedazos, pero sin dejar de latir. 

Madrid son papelitos con seis destinos y una mano inocente eligiendo al azar. Son helados a cualquier hora, monólogos con patatas y golosinas. Son tardes de defensa personal en el retiro. 

Madrid son planear fines de semana fuera, en Mallorca, Marruecos, Santander, Formentera o donde estés pensando. Son 9 horas en bus hasta Barcelona, y 2 y media en AVE. 

Madrid es recordar lo que hice un año atrás. Son palabras que se me escapan en suajili, son clases de baile que se quedan en olvido. 

Madrid es la ausencia de mi mitad y la falta que me hace. Es estar más cerca y sentirme más lejos de los míos. 

Madrid es caerse y levantarse, es alguien a quien culpar y admirar, son cuatro torres a lo lejos que te llevan a pensar que haces aquí y donde estabas antes. Son un cúmulo de recuerdos, sensaciones, sentimientos, emociones y el perseguir de un sueño, una manera de vivir. 

Madrid somos todos y nadie. Es todo esto y mucho más. 
Madrid soy yo, un pasado, un presente y un futuro. 




sábado, 21 de febrero de 2015

Vivir, una asignatura pendiente


Mwanza
Ella sabe que es especial, pero no sabe demostrárselo.
Cada día mira por la ventana esperando que un cambio azote su vida.
Se deja llevar por la corriente, sabiendo que ese no es su camino.
Necesita cambiar pero no se atreve, la sociedad le oprime y el miedo la encierra.
Quiere volar pero tiene una pata atada.

Lleva una vida normal, ha estudiado y trabajado, pero quiere soñar. Tiene todo lo necesario para ser feliz pero algo le falta.

Las relaciones no le han hecho bien, y aunque de cada persona con la que se ha cruzado a aprendido algo, no sabe lo que es querer y duda de la existencia del amor.

Ella se siente afortunada por todo lo que le rodea.

No entiende sus sentimientos, y mucho menos las sensaciones. Empieza a ver la felicidad como un imposible, algo inalcanzable, pensaba que ser feliz no era para ella.

Ella es luchadora y sabe que no es la primera ni la última, y que rendirse no es una opción.

Se cuestiona cada paso, incluso piensa que quiere saber demasiado de ella misma, ese ser desconocido a la par que transparente. 

Saber controlar emociones, gestionar sentimientos, definir impresiones, dar nombres a magias, olvidarse de lo permanente. 

Ella decidió poner un punto final, necesitaba apartar el ruido. Se dio cuenta de que necesitaba aprender a vivir y se prometió ser feliz.

A vivir se aprende viviendo y a ser feliz siéndolo.

Ella aprendió a hacerlo… espero que algún día me enseñe. 

Kigoma

domingo, 25 de enero de 2015

Aquí, allí i on pugui

Ngorongoro

Hoy tengo que decirlo: ¡me aburro!

Cuando algo no me gusta cierro los ojos y me imagino en otro lugar: una canción, un olor, un ruido o un silencio hacen que eso no se me haga difícil. 

¿Qué digo un silencio? en Madrid no hay silencios. 

Me sorprende ver a la gente correr hacia todos lados cuando llega un metro en hora punta. Recuerdo a los búfalos en Ngorongoro, persiguiendo a un león. Un búfalo sólo no habría podido nunca pero todos juntos… Todos juntos hacen que no puedas ir contra la corriente, que te arrastren entre la inmensidad de la ciudad. 

A veces me paro y simplemente observo. Intento vivir con la misma intensidad. 

Ya no ruedo en dala dala pero cojo 4 buses al día: grandes, con butacas acolchadas, sin animales, con calefacción y música, nadie invade mi espacio y lo que un día me pareció cansado ahora me falta, aún así, miro por la ventana, veo montañas nevadas, no son el Kili pero me lo recuerdan, pienso en dónde estoy y en lo que hago, en lo que hice, y en todo lo que me queda por hacer. Pero hoy me sigo aburriendo. 

Hay quién piensa que viví 6 meses en la selva, pero es ahora que vivo en ella. 
Oigo a las hienas en la tele, mosquitos murmullan por las calles, los leones visten de traje, las cebras y gacelas intentan vivir tranquilas y yo… yo soy el elefante (quién me conoce no lo duda), ese que nunca olvida. 

El tiempo se ha convertido en un hecho real y todo lo que me rodea es "normal", aunque por supuesto sigo sin saber el sentido de lo "normal" y sobretodo espero no serlo. 

Ya no escribo, no publico, parece que como dice Patricia "África inspira". 
Vivo persiguiendo un sueño que cada vez se hace más palpable, se acerca y se aleja, y yo voy y vengo. 

Tiro de recuerdos para sonreír y busco un presente de locura. La rutina, monotonía, los autobuses, el metro, la compra, las clases, el trabajo… 

Necesito darle un lugar a la aventura aquí, allí y donde se pueda.