sábado, 19 de marzo de 2016

Qué la vida iba en serio



Nadia, estás segura, esto va en serio, no es un juego.
Me lo repitió varias veces y aún le admiro. En los momentos difíciles me acuerdo tanto de él, de sus palabras. No hace falta subirse a un avión para volar, pero yo iba a hacerlo.

Aprender, conocer, sorprenderse. Las personas, las diferencias culturales, las diferencias no culturales pero extremas. Las circunstancias, las situaciones, el momento y el lugar, tantos son los factores que alteran y moldean las realidades que solo te queda el aquí y ahora.

Un mar de contradicciones y millones de ideas viajando de lado a lado en mi cabeza. La búsqueda de uno mismo en medio de una nueva galaxia, en la que parece que nada encaja, o quizás todo.
Sosteniéndose en la religión de creer en uno mismo.

Una de las primeras preguntas que te hacen aquí es si vas a misa, los sábados, los domingos o todos los días. Un movimiento extremadamente poderoso que consiguió sacarme a las 7 de la mañana de la cama un domingo, para verme a la hora siguiente de rodillas ante un hombre con sotana y micro en mano predicando a sus hermanos y hermanas. Un coro cantaba, y yo con mi programa en mano también. Mi acompañante, que no se pierde ni una me miraba atenta, enseñándome a cada punto de la canción en la que estábamos, por si en algún momento, mi mente se había perdido en mi galaxia, lejos de la suya.

Tardes me he sentado ante una biblia abierta, mientras él, 10 años más joven y rodeado de oportunidades la leía atentamente. Los sábados los pasa ahí, solo descansa para ir a casa a comer. Y así, muchos, casi todos aquí.

Volvía de Lusaka, cuando alguien empezó a gritar. El autobús se movía y él de lado a lado, andaba voceando a su Dios, al mismo de todos y dueño de nadie, al que hay que creer y venerar, pase lo que pase. Gritos y más gritos, se acercan y se alejan, para bajarse en la siguiente parada dejando una presencia, el cansancio del camino que acaba de empezar.

Aparecen a diario, recogen botellas de plástico vacías que luego venden 5 por 50 ctms, se nota como visten, como huelen, pero también se nota en sus ojos. Me piden comida y me crean esa pregunta dentro, si les doy hoy, tendré que hacerlo mañana y pasado, ¿les estoy realmente ayudando? Todos cuentan lo mismo, una madre muerta, una abuela ciega. Se reúnen delante del supermercado y ahora soy dueña de sus saludos. Me apropio de alguna sonrisa, solo necesito cerrar los ojos para volverla a ver. Él vino solo, dijo tener hambre y le senté delante de mí, un plato con verduras y un silencio incómodo. Miró a los lados, como si no quisiera ser visto, juntó sus manitas, cerró los ojos y pensó.

Me preguntan si voy a la iglesia, si creo en Dios y respondo un sí atronador en mi interior, justificado por la comprensión de ser aceptada, no juzgada. En un mundo incomprensible, viviendo una vida que iba en serio. Rezo a diario amueblando mi cabeza con todo lo que vivo y la inmensidad de todo lo que puedo llegar a pensar. No exprimo mis días como me gustaría, pero si mi mente, que se cuestiona todo en búsqueda de respuestas imposibles.

Vivo en la contradicción más grande de no creer pero todos los días rezar en mi pensamiento de no olvidar que no hay un día sin aprender. No encuentro tanta diferencia.

Nadia, que la vida va en serio. 





jueves, 4 de febrero de 2016

¿Estic sommiant?





Toda aventura tiene un principio, toda vida tiene un final.

Desde que convertí mi vida en aventura digo que tengo dos años de vida, nací en Tanzania, crecí en Madrid y he venido a Zambia a madurar, a conocerme más o a dejar de hacerlo, ahora lo único que me asusta es dejar de soñar.

Cada día me despierto a las 6 de la mañana para volverme a dormir, es como si supiera que despertando solo un rato podría hacer esos últimos sueños realidad.

En uno de mis sueños camino por una calle sin asfaltar, no es un camino fácil, hay agujeros, charcos, cristales y arena que hace que me cueste avanzar, de repente un montón de niños gritan y se abalanzan sobre mí, alguno me toca el brazo con fuerza intentando sacar el negro que tiene que haber debajo de mi piel, me agarran la mano y seguimos andando por el mismo sendero donde ahora cada piedra es muy sencilla de saltar.

Algo nos detiene, el cielo se pone negro y alguien grita, ¡qué viene! Sin saber porque empiezo a correr para darme cuenta de que algo me persigue, pero no tengo tiempo de mirar atrás, la oigo acercarse, cada vez más fuerte, me está empezando a mojar, una casa destruida nos acoge entre risas, los caminos se vuelven ríos, el cielo completamente blanco y el sonido la mejor canción.

Sigo soñando, ahora es otro camino que me lleva hacia una comunidad, un montón de mujeres ríen, hablan, gritan, están vivas, me dan la mano y me invitan a sentar, veo como trabajan, setas, semillas, lluvias, agua, tierras, algo que construir y mucho por aprender. Al volver, una visita que hacer, Samsoni que sigue en su sitio, con su gato y las bolsas que convierte en cuerda casi solo con rozar, su sonrisa, sus preguntas, sus palabras, sus canciones y casi llegar a despertar.


No llego a abrir los ojos pero estoy sentada, tengo una bebida de manzana, un ordenador, y estoy dispuesta a describir todo lo que me rodea pero me quedo parada cuando un carro de pollos entra por la puerta del restaurante esperando que compre alguno para al final volverse a ir.

No me puedo despertar, mientras como con las manos, haciendo una bola de una masa de maíz que mojar en salsa, una cucaracha se acerca a mi, no quiero compañía, al menos en mi plato y no lo dudo dos veces para apartarla con la mano, creo que la araña que se asoma a saludar no se atreve a acercarse más.

Ya no quiero despertar, hay mucha gente en mi sueño, no están cerca, ni lejos, no caminan conmigo, no comen conmigo, no duermen conmigo, pero hacen que mis sueños se hagan realidad.

Dormida, me acerco a una mesa, ¿qué quieres tomar? ¿algo de beber? Tengo de piña, manzana, ciruela, Pepsi, 7up… carne, pollo, pescado, tripas, y patas de algún animal.  Mujeres rodeadas de telas con bebes a la espalda dan silencio al local.

Mi colchón marca mi cuerpo a la perfección, la sábana ligera me da sensación de libertad aún estando rodeada por una mosquitera con agujeros cubiertos por cinta, me veo capaz de seguir soñando.

Ahora, trabajo en un restaurante, atiendo a señores de traje y miro a través de la barra la vida pasar, buscando el cielo, la lluvia caer, sacos y sacos que avanzan subidos en cabezas, taxis que pitan para que sepan que están libres, idiomas incomprensibles, sacar un rato para bailar, y al caer la noche cerrar la caja y volver a soñar.






sábado, 2 de enero de 2016

Dóna'm temps


Ya he aprendido que con el tiempo hay cosas que pasan de hacerte reír a llorar y de llorar a reír en cuestión de, eso, tiempo. Incluso algunas pueden convertirse en insignificantes cuando en un momento dado pudieron significar el fin del mundo. 

El hoy no tiene nada que ver con ayer, y todo habrá cambiado mañana. Es un juego de palabras, juguemos con los adverbios necesarios para llegar a un solo fin, encontrar el motivo para sonreír aquí y ahora. 

No sería capaz de enumerar las veces que hubiera deseado parar el tiempo, con alguien, sola, en un sitio o en ninguno.

Noches en Mallorca con ella, con ellas, con ellos, con él, con todos... Días en los que no hacer nada es hacerlo todo, es estar en casa. 
Mallorca es uno de mis sitios preferidos en el mundo, es mi casa, son mis personas, soy yo... Pero hay tanto mundo, y tanto de mí ahí fuera. 

Recuerdo perfectamente cuando le dije al capitán del barco en Pangani "Now this is my favourite place in the world", sola, en medio de una isla que aparecía y desaparecía al antojo de la marea. Tanzania... cuanto te debo... 6 meses que cambiaron 26 años. 



Hace menos tiempo vi mi sonrisita dibujada en Marruecos, donde pude sentir como "es pisar este continente y se me cambia la cara". Cantar con Abdul, Ana y Tere fue uno de esos momentos en los que 7 horas de coche destartalado se hacen cortas. Visitas a proyectos en los que solo corroboro quien quiero ser, donde esta mi sitio, y un punto de inflexión en mí fijando un objetivo, volver. 10 días cambiaron los 6 últimos meses. 

El tiempo quería darme más momentos que quizás no valoraría entonces para hacerlo ahora. 

Mi último lunes en Madrid, donde me inventé una vida de la nada, cuando solo una noche hizo que todo un año valiera la pena. 

A día de hoy, he vivido 25 años en Mallorca, 6 meses en Moshi y un año en Madrid y me encuentro aquí, en casa, con un billete sólo ida a Zambia, apostando todo, y sobretodo eso... mi tiempo. 

Y es que el tiempo, es tan relativo. Y yo tengo tantos momentos que no tengo tiempo de recordar. 

Podría vivir una vida entera solo recreándome con lo vivido, pero esto no se acaba aquí y el tiempo sigue. Si me sorprende todo lo que puedo contar, más lo hace todo lo que está por venir. 

Si pudiera pararlo ahora, no sé donde me quedaría. Quizás en una tienda de campaña donde ser feliz, en un jardín, en la playa o en cualquier lado.

Lo que sé seguro, es que hoy no elegiría el de ayer, ni seguramente mañana el de hoy aunque no me olvido de que siempre es hoy y por ahora, solo puedo decirte:

Dame tiempo y, sobretodo haz que no se me olvide.