| Ngorongoro |
Hoy tengo que decirlo: ¡me aburro!
Cuando algo no me gusta cierro los ojos y me imagino en otro lugar: una canción, un olor, un ruido o un silencio hacen que eso no se me haga difícil.
¿Qué digo un silencio? en Madrid no hay silencios.
Me sorprende ver a la gente correr hacia todos lados cuando llega un metro en hora punta. Recuerdo a los búfalos en Ngorongoro, persiguiendo a un león. Un búfalo sólo no habría podido nunca pero todos juntos… Todos juntos hacen que no puedas ir contra la corriente, que te arrastren entre la inmensidad de la ciudad.
A veces me paro y simplemente observo. Intento vivir con la misma intensidad.
Ya no ruedo en dala dala pero cojo 4 buses al día: grandes, con butacas acolchadas, sin animales, con calefacción y música, nadie invade mi espacio y lo que un día me pareció cansado ahora me falta, aún así, miro por la ventana, veo montañas nevadas, no son el Kili pero me lo recuerdan, pienso en dónde estoy y en lo que hago, en lo que hice, y en todo lo que me queda por hacer. Pero hoy me sigo aburriendo.
Hay quién piensa que viví 6 meses en la selva, pero es ahora que vivo en ella.
Oigo a las hienas en la tele, mosquitos murmullan por las calles, los leones visten de traje, las cebras y gacelas intentan vivir tranquilas y yo… yo soy el elefante (quién me conoce no lo duda), ese que nunca olvida.
El tiempo se ha convertido en un hecho real y todo lo que me rodea es "normal", aunque por supuesto sigo sin saber el sentido de lo "normal" y sobretodo espero no serlo.
Ya no escribo, no publico, parece que como dice Patricia "África inspira".
Vivo persiguiendo un sueño que cada vez se hace más palpable, se acerca y se aleja, y yo voy y vengo.
Tiro de recuerdos para sonreír y busco un presente de locura. La rutina, monotonía, los autobuses, el metro, la compra, las clases, el trabajo…
Necesito darle un lugar a la aventura aquí, allí y donde se pueda.
