martes, 26 de agosto de 2014

África modo ON




Me invaden multitud de sensaciones, no es nada nuevo, llevo aquí casi 4 meses, y a pesar de que vine pensando que tenía apagado el sentir, me he dado cuenta de que no he parado de hacerlo. 

Durante estos dos últimos meses mi experiencia africana se ha puesto en pausa, para ver la otra realidad de lo que este mundo significa. En estos dos meses he pasado de compartir casa con 5 locos, a los que adoro, a conocer a 80 nuevas personas, de las cuales me quedo con muchas, y con dos para siempre.  

He sentido como España invadía Tanzania, he sentido como España me invadía a mi. 

Se necesitan malos momentos para disfrutar los buenos, igual que es necesario alejarse de las comodidades para saber valorarlas: he alucinado de verme las uñas pintadas, casi lloro al ver una pizza de aguacate y bacon, comido una tarta de zanahoria o un batido de plátano, me he puesto guapa para salir a cenar, he preparado un disfraz, he cotilleado con mis amigas, me he creído que tenía una casa en forma de tienda de campaña, he bailado en medio de una shamba porque de repente sonaba la canción oportuna, me he reído como nunca y como siempre, he sentido la felicidad en primera persona, he disfrutado de cada momento como si fuera el último, pero… yo no estoy en España, yo vivo aquí y aquí también soy feliz. 

He pedido a gente que me donara ropa, he pedido gel, champú, pasta de dientes e incluso tampones, me ha parecido caro comer por 10.000 tzs, al cambio 5 euros, y me ha molestado la música que me impedía ver con claridad por la ventana del daladala.
Visto de donaciones, ropa con agujeros pero con valor sentimental, mi colonia es anti mosquitos, mi cama una litera, mi música es africana, y mi familia me recuerda quien soy y que hago aquí, mi ordenador es mi contacto con el mundo, del que a veces necesito desconectar, mis amigos, los de antes y los nuevos, mi mayor tesoro, vivo de recuerdos, de los que ya pasaron y de los que vendrán.

Ellos llegaron y se fueron, y los que quedan se irán. 
Han dejado huella en mi, incluso algún agujero a medida, que solo esa persona puede ocupar, y lo ocupa desde la distancia. 

Me doy cuenta de cómo avanzo, de cómo acepto las cosas como vienen, de que me hago mayor o simplemente maduro, si miro unos meses atrás me veo 10 años más joven. Y me doy cuenta de que esto sigue, que África se pone en ON de nuevo, y que aún me queda mucho por contar. 
Esto es el ecuador así que, se puede mirar atrás, pero solo un ratito porque hay mucho que ver delante, sigo siendo una locomotora que avanza, pero empiezo a soltar vagones. 

Por Patricia y Ena que suben el Meru sin mi, pero conmigo en cada paso.




jueves, 21 de agosto de 2014

Llenguatge universal



Antes de venir ya sabía que no hablaba bien inglés, mucho menos suajili y ahora me he dado cuenta de que tampoco castellano, ni siquiera catalán.
He aprendido un lenguaje nuevo.
He desarrollado el idioma universal, y me entienden, basta el querer expresarme y el querer entenderme, y no solo yo debo conocerlo, sino que lo único necesario es la intención tanto del locutor como del receptor, aunque eso pasa en todos los idiomas, no basta con uno, se necesitan dos.

Me comunico a diario con mi nuevo idioma, ese lo domino perfectamente, y solo con una mirada, puedes saber lo que pienso, y aún más allá lo que siento. ¿Controlas tú ese idioma, sabes verlo en mi?

No hace falta verme, para entenderme, ahora mismo me estoy comunicando, desde mi cama envuelta en una mosquitera, y utilizo el lenguaje aprendido como herramienta, se manifiesta en castellano, es escrito, pero dice mucho entre líneas, como puntos existen entre 0 y 1, infinito.

Me comunico con miradas, con palabras, con imágenes, con letras escritas de forma ordenada construyendo ríos de información, me comunico con suspiros, con lágrimas, con risas, con levantar los ojos. Me entiendes si miro a otro lado, si bajo la cabeza al hablar, si me toco el pelo, o guiño un ojo.

Vivo inmersa en una cultura diferente donde mujeres vestidas de colores sonríen sin cesar al cruzar miradas de complicidad, donde hombres te observan sin parar, donde las montañas no siempre se dejan ver, donde la gente viene y va, donde todo lo que se vive es real.


Hablo con niños que no hablan mi idioma y me respetan, hablo con perros que me protegen sin darles nada a cambio, hablo con mujeres y hombres solo con el interés de entendernos, hablo con iguales, y con diferentes, pero hablo, hablo sin parar y escribo… Porque necesito parar el tiempo para que nada se me pase, porque cualquier instante vale la pena, porque este regalo de la vida no se puede inmortalizar, te entiende quien te quiere entender y el entender como el querer no tiene límites. 





jueves, 14 de agosto de 2014

Dejarse llevar, suena demasiado bien

Lake Chala

Existen diferentes momentos a lo largo de una vida, de un año, de un mes, un día o una hora. 
Participo en cuentos de hadas y protagonizo historias, veo las vivencias de los que me rodean, a veces formo parte de ellas, otras simplemente estoy de paso. Estoy conociendo muchas personas, diferentes, parecidas, incompatibles, imantadas, de ellas saco todo lo que sé, bueno o malo, aprendo, descubro, conozco, me hago preguntas, despiertan inquietudes en mi, e incluso llego a sentir cosas nuevas, desconocidas.

Las personas que me rodean me iluminan, ¿cómo alguien desconocido puede hacer que te conozcas más?, todo aquí es nuevo, pero tiro también de recuerdos, de errores cometidos, y de aciertos que no supe valorar en el momento oportuno y llego al mismo punto de siempre, son las personas que eliges, las que se cruzan en tu camino y atrapas en tu tela de araña para que no se vayan, las que te permiten ver más allá de ti a través de ellos, esas son las que te complementan, lejos o cerca, necesito y quiero tener bombillas a mi lado. Te dan que pensar, te hacen sentir que no eres un bicho raro, comparten tus sensaciones y discrepan en tus opiniones, me encanta cuando me exponen puntos de vistas diferentes y me hacen pensar, se quien soy, ahora lo sé, pero cada una de las personas que se cruzan, se han cruzado y se cruzarán en mi vida, han dejado una huella, unas grandes otras pequeñas. 
Estos últimos dos meses, han estado cargados de emociones, de personas que han alterado el transcurso de la experiencia, una vez más he aprendido: dejarse llevar, jugar al azar, no pensar en mañana, ni en diez días vista. 

Tengo la sensación de que el corazón intenta hablarme a través de los ojos, que se me humedecen notando como las lágrimas buscan salida, pero no lo entiendo, no estoy triste, no tengo motivo para llorar, y me doy cuenta…. Siento… Estoy viva… Me sale de dentro, de lo más hondo de mi, la emoción de lo que vivo a diario, la pasión de lo que vivo ahora, y las ganas de seguir avanzando, en el camino que recorro, del que desconozco el final, pero se que lleva a alguna parte. 

Mientras escribo mi libro, aprendo de mi, de lo que me rodea, pero saco tiempo para disfrutar: de una canción al oído, de una tienda de campaña que se convierte en chalet, de una conversación entre amigas, de una excursión a Kenia en kayac atravesando un lago, de la mejor compañía, de una ducha de agua caliente, y de una imagen en la retina.

Al final el destino está escrito, o no. Pero lo que sé es el que el futuro se convertirá en presente y lo que tenga que pasar pasará, hay dos opciones, pararse a esperar, dejar que el miedo paralice, o exprimirlo, aprovecharlo, dejando que la vida fluya, que los polos opuestos se atraigan, que los imanes actúen. 

Trato de parar el tiempo para no olvidarme de nada. 

España y África