jueves, 14 de agosto de 2014

Dejarse llevar, suena demasiado bien

Lake Chala

Existen diferentes momentos a lo largo de una vida, de un año, de un mes, un día o una hora. 
Participo en cuentos de hadas y protagonizo historias, veo las vivencias de los que me rodean, a veces formo parte de ellas, otras simplemente estoy de paso. Estoy conociendo muchas personas, diferentes, parecidas, incompatibles, imantadas, de ellas saco todo lo que sé, bueno o malo, aprendo, descubro, conozco, me hago preguntas, despiertan inquietudes en mi, e incluso llego a sentir cosas nuevas, desconocidas.

Las personas que me rodean me iluminan, ¿cómo alguien desconocido puede hacer que te conozcas más?, todo aquí es nuevo, pero tiro también de recuerdos, de errores cometidos, y de aciertos que no supe valorar en el momento oportuno y llego al mismo punto de siempre, son las personas que eliges, las que se cruzan en tu camino y atrapas en tu tela de araña para que no se vayan, las que te permiten ver más allá de ti a través de ellos, esas son las que te complementan, lejos o cerca, necesito y quiero tener bombillas a mi lado. Te dan que pensar, te hacen sentir que no eres un bicho raro, comparten tus sensaciones y discrepan en tus opiniones, me encanta cuando me exponen puntos de vistas diferentes y me hacen pensar, se quien soy, ahora lo sé, pero cada una de las personas que se cruzan, se han cruzado y se cruzarán en mi vida, han dejado una huella, unas grandes otras pequeñas. 
Estos últimos dos meses, han estado cargados de emociones, de personas que han alterado el transcurso de la experiencia, una vez más he aprendido: dejarse llevar, jugar al azar, no pensar en mañana, ni en diez días vista. 

Tengo la sensación de que el corazón intenta hablarme a través de los ojos, que se me humedecen notando como las lágrimas buscan salida, pero no lo entiendo, no estoy triste, no tengo motivo para llorar, y me doy cuenta…. Siento… Estoy viva… Me sale de dentro, de lo más hondo de mi, la emoción de lo que vivo a diario, la pasión de lo que vivo ahora, y las ganas de seguir avanzando, en el camino que recorro, del que desconozco el final, pero se que lleva a alguna parte. 

Mientras escribo mi libro, aprendo de mi, de lo que me rodea, pero saco tiempo para disfrutar: de una canción al oído, de una tienda de campaña que se convierte en chalet, de una conversación entre amigas, de una excursión a Kenia en kayac atravesando un lago, de la mejor compañía, de una ducha de agua caliente, y de una imagen en la retina.

Al final el destino está escrito, o no. Pero lo que sé es el que el futuro se convertirá en presente y lo que tenga que pasar pasará, hay dos opciones, pararse a esperar, dejar que el miedo paralice, o exprimirlo, aprovecharlo, dejando que la vida fluya, que los polos opuestos se atraigan, que los imanes actúen. 

Trato de parar el tiempo para no olvidarme de nada. 

España y África

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