sábado, 25 de octubre de 2014

El poder de la mujer, la fuerza del hombre


Ellas, todas ellas son perfectas. La mujer tanzana, en común el color de piel, y millones de rasgos diferentes en función de sus orígenes.

Ellas, la mayoría anchas, cuerpos redondos que definen una buena posición social, o la mala alimentación. Visten telas de kanga colorido, falda o pareo envuelto, y en su cabeza el peinado más estrambótico, cardado, pelucas imposibles o un pañuelo, haciendo de la cabeza el lugar donde ocultar todas sus ideas. Las que han sido madres serán llamadas mamas por todos, y las que no dadas (hermanas) hasta que lo sean. 

Las massais más alargadas y finas, rapadas, con agujeros enormes en sus oídos y envueltas en su joyería de brillos plateados y bolitas infinitas, en cuello, orejas, brazos, pies.

Ellas, todas sacan sus casas adelante, son las encargadas de velar por su familia, la comida, los niños, trabajar el ladrillo, coser, transportar en equilibrio cualquier objeto en la cabeza a la vez que un bebe cuelga de su espalda. Puede tener 18 años o 7, y cargará con su hijo, hermano o sobrino, hasta que este sea capaz de caminar, entonces será libre de luchar por la suerte que la vida le vaya a dar. 

Ellas, son diferentes pero viven en sociedad. La mayoría sometidas a un hombre, que por ley dispone de derecho de agresión, cual dueño que no le permitirá ni el derecho a la decisión. 

Ellas, no salen por las noches si no se dedican a eso y por supuesto va a recibir algo por hacerlo. Algunas, se prostituyen abiertamente ante mzungus (viajeros) o mbongos (tanzanos), los mismos que en ocasiones les pierden el respeto o les solucionan la vida.

Ellos, lo hay de todas las formas, el bueno y el malo, como ellas, como todo. Todos tratan de sobrevivir en este mundo duro y no escogido. Los hay de sol a sombra trabajando el ladrillo, porteando, conduciendo, o transportando en un carro pollos apilados, cualquier oficio vale.

Algunos, por suerte no la mayoría, están de sol a sombra sentados en el bar, esperando la mzungu del día, que será cazada. Para ello, utilizarán toda su artillería, sacarán su lado más romántico, tierno y amable. Haciéndole sentir la mujer más especial del mundo. Se trata de supervivencia, business, diversión o como yo lo llamo, el deporte nacional. Lo he visto una y otra vez. 

Nosotras estamos aquí de paso, algunas se dejan cazar aún sabiendo la poca exclusividad que eso conlleva, algunas sólo buscan un rato de diversión, aún sin saber que pasarán a formar parte del juego tanzano, en el que el hombre es el que la posee, él tiene derecho a decidir con quien se va a relacionar ella a partir de ahora, desde ese momento es suya. Él en cambio, seguirá buscando a otras a quien cazar, aún estando la primera delante, aún haciéndole daño. No dudará en agredirla y encerrarla, quien trate de defenderla se convertirá en su mayor enemigo. Así las tratan a ellas, y se justificará con un "es cultural". 


Ellos, los cazadores, no conciben la amistad entre hombre y mujer, lo único que yo he estado dispuesta a dar, a veces diría que ni entre hombre y hombre. Aquí el objetivo es ganar, y se establece una norma invisible de respeto, por la mujer que posees, pero no por otras muchas cosas. He tratado de llevarme algún amigo de aquí, y me ha sido imposible, el hombre tanzano, la mujer tanzana, las relaciones aquí blancos-negros, que difíciles de interpretar. 


A veces, el final no es el que toca, pero en mi historia, en como yo lo veo, en lo que yo creo, la mujer es fuerte y lo sabe, le planta cara, se viste de falda por encima o debajo de las rodillas y ante él, se da la vuelta, para seguir su camino. 

Otras vendrán y otras lo sufrirán, pero de una en una y poco a poco, aquí y allí, la mujer convertirá su fuerza en poder. 


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