Creo que hay dos tipos de personas: las que vienen aquí huyendo y las que vienen aquí buscando. Yo vine con un objetivo muy claro: encontrarme.
No me cuesta reconocer que venía de sentirme perdida, de lo que algunos pueden llamar una mala época, o crisis existencial. Recurrí a lo que siempre había querido hacer, a cumplir sueños, que al fin y al cabo de eso se trata, vivir.
Cuando llegué tuve que luchar con todas mis inseguridades, ponerme frente a los niños era un reto diario, lloraba muchas mañanas sintiéndome incapaz de transmitir, de enseñar e incluso de comunicarme con ellos. Competía conmigo misma para conseguir adaptarme al trabajo. La familia que encontré aquí me apoyaba y a pesar del entorno nuevo, un idioma desconocido, y gente diferente, me iba superando a mi misma, todos los días un poquito más, hasta que sin darme cuenta, ya hablaba en inglés, chapurreaba suajili, me reía en clase, y estaba haciendo lo que mejor se me da… disfrutar.
Ha llegado ese momento en el que tengo que pisar freno y mirarme, girarme y ver el camino recorrido y ver los caminos que se me abren.
Hace tiempo que no escribo porque trato de escribir sobre las emociones, y las últimas aquí no han sido las mejores, como para ser compartidas.
La vida aquí ha dejado de sorprenderme, me he adaptado a ese entorno que me imponía y lo que en un principio suponía un reto, ahora es normal. Todo eso me ha llevado a la pérdida de esa magia inicial, propia de todo lo nuevo. Aún así, me siento enamorada de esta tierra y no dejo de mirar por la ventana. Soy consciente de que cada día descubro algo nuevo, y así ha sido, los últimos días he vuelto a aprender de mí.
Por otro lado, las personas que me rodean han empezado a hacerlo, sorprenderme.
He conocido la irracionalidad expresada en palabras, incoherencia e incluso injusticia.
He sentido agresividad en las relaciones y no he dudado en recibir una bofetada que nunca llegó por defender lo que siento un derecho, la libertad.
He apostado por que no se pueden consentir según que actitudes, ni comentarios y he aclamado mi derecho a la decisión, pues sobre mí mando yo, y sobre quien me rodea mandan ellos mismos.
He tomado decisiones.
Me he dado cuenta de la fuerza que tengo, de que vine como una hoja y me iré como un tronco, que de aquí me llevo sensaciones innumerables, crecimiento personal, relaciones para toda la vida, decepciones y sorpresas.
Para superarme a mí misma, sólo tuve que hacerlo, no bastaba con intentarlo. Yo llevo las riendas de mi vida, y aunque nunca estoy sola, yo tomo mis decisiones. Yo, como el resto del mundo, soy capaz de todo lo que me proponga y si yo no me lo creo, estoy perdida. Por más que huya de mí, mi yo siempre me persigue.
Lo peor de irse es el miedo a volver.

Vaya que sabiduría en una mujer tan joven! Me alegro para ti (y para tu familia, naturalmente) que haya salido si bien tu aventura al externo y al interno...
ResponderEliminar