Viernes, por primera vez desde que llegué me regalo un momento sólo para mí.
Subo las escaleras que me llevan frente a un Kili que no se deja ver, a mis pies la vida transcurre en Moshi, en mi mano derecha un boli, en la izquierda un cocktail de mango, el más caro 5.000tsh (2,5€) y en mi cabeza muchos recuerdos.
Ahora estoy sola y toca reflexionar, he llegado a un punto de inflexión en el que no dejo de aprender de mí misma, pero ya no quiero aprender de los demás.
Me he saturado de emociones, no me canso de África, de los niños, de la experiencia… pero sí de como la gente influye en mí.
He conocido y dejado de conocer a gente y, aunque hasta ahora todo ha sido positivo, las relaciones también tienen su lado negativo, sobre todo cuando se acaban. Mi abuelo me lo dijo una vez: "todas las relaciones son complicadas". Sé que es una sensación temporal, pero la convivencia se endurece, la situación se me va de las manos y mi propio yo me tortura, siento que quiero huir.
La línea que me define es infinita. ¿Quizás soy una esfera que no aprende y repite sentimientos y experiencias? Lo único que me asemeja a una rueda es una montaña rusa, girando, rodando sin parar, rodeada de luces y sonidos.
Dejo subir a mucha gente en mi atracción, intento que se acomoden y rueden conmigo. Pero no todos quieren rodar en el mismo sentido, no a todos les gusta mi música, ni siquiera mis luces. Me culpabilizo por eso, la máquina es mía, yo la he diseñado y no he cumplido tus expectativas. Lo siento.
Algunas veces un ocupante decide bajar, otras soy yo quien necesito que baje, puede ser sólo por un tiempo, pero mi giro se ralentiza y siento que el aparato no funciona, noto que nadie está cómodo y que algo debe cambiar. No sé como coger de nuevo el ritmo. Mi atracción está llena, media la lleno yo, media quien me acompaña, y la fiesta debe continuar, no puedo dejar que pare, por muy importante que fuera el ocupante que se ha marchado… de una forma u otra todos lo son.
Recurro a la cabina, la del capitán y hablo con quien más me puede ayudar, madre solo hay una y lo siento, pero yo tengo la mejor. Analizamos los botones, revisamos engranajes, apretamos tuercas y cambiamos el cd.
Soledad, desaparecer un rato, ¿por qué tenerle miedo? Me das más miedo tú, a quien he conocido, te he hecho un sitio en mí, y te he dado permiso para ralentizar mi giro, aunque nunca para pararlo.
Las personas que nos rodean son la base y hay quien no solo sube en mi rueda, sino que desde abajo la hace girar con más fuerza, la empuja para subir cuando va más rápido. Son mi maquinaria, sin ellos no podría rodar. Necesito de personas a mi alrededor, las relaciones son complicadas, pero…
¡Me encanta lo complicado, me gusta lo difícil y... lucho por lo imposible!
Después de casi 5 meses y sólo una hora de soledad, he tenido ganas de recoger mi atracción, pero aún me queda mucho que hacer aquí, mucho que darme, mucho que dar y mucho que recibir, y no sólo aquí, no solo a mí y no solo a ti.
Tengo motivos para llorar, pero me sobran motivos para sonreír.


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