jueves, 24 de julio de 2014

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Tengo un año más o un año menos, aquí la conciencia del tiempo ha desaparecido, ya llevo dos meses y medio aquí pero hay cosas que me parece que pasaron hace un año, y personas que conozco de toda una vida. Ya llevo 26 años de camino: gateando, de rodillas, andando, volviendo a gatear, queriendo correr, de rodillas, andando… viviendo. 
No es difícil conocerme, aunque si me considero una persona complicada.
El día 21 de julio de 2014 recibí una dosis directa a la yugular de energía, felicidad, fuerza, motivación y amor, de los que están lejos y de los que están cerca. 
Vivo una aventura diaria por el simple hecho de despertarme cada mañana, espero que esté donde esté mi vida sea siempre una aventura, que permita la sorpresa, la aparición de nuevos retos, de nuevos sentimientos y que siempre pueda compartirlo, con los de siempre y con los nuevos que me hagan un sitio en ellos, sola no tendría sentido. 
Soy la persona más afortunada del mundo, lo siento así, he conseguido creer en una vida inesperada, he conseguido convertirme en quien siempre quise ser, aún sabiendo que todo es efímero y que quien quiero ser ahora no es quien quise ser ayer y que no se quien querré ser mañana. 
He encontrado mi religión perfecta, el creer en mí: mi madre es Dios, mi abuelo el hombre de mi vida, mi abuela mi osito preferido, mi hermana la luna,… y mis amig@s quien elegí para compartir esta historia.

Los momentos importantes en la vida no se determinan en función de la cantidad, sino de la calidad.

Asante sana. 

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